Naciente



La mañana quieta

las flores abiertas.

La luz luminosa lo ilumina todo

a la espera de que el tiempo comience

a construir, otro día,

este día.




Pausas



Tan solo entre la gente
desaparecido
en la marea humana,
nadando entre el ruido
perdido
en la jungla del mundo,
sin voz casi sin tiempo
espero
desde la próxima estación
del desencuentro,
el abrazo de aquello
que no es mío.


Liviandad



Quien creí ser y no fui
quien quise ser y no puedo
quien he sido sin seré
toda la verdad de un sueño.



Pieza de estío



Me ahorco en un verso
pero no soy yo,
es mi otro suicida
aquel que se mustia en las tardes
de plenitud y cuerpos pasajeros,
casi desnudos como este verano
de anuencia y fuego.



Errante



Cuando era joven
pensaba que tenía que llegar
a algún lugar.
Ahora sé que no
que no voy a ninguna parte,
que el camino soy yo
y me recorro
incesante
hasta perderme.


De ausencias



¿Me has matado, mi amor?
No, ya estaba muerta
en qué según región de tu apetito.
Borrada del silencio exquisito
de tu boca que me pronuncia
negándome que existo.
Amable traición que tú me has dado
quitándome la piel de lo sentido
la honda desazón con que te he sido
toda de ti hasta esta última hora
en este momento mortal y dolorido.



Faltas de ortografía


Me he puesto a mirar la hierba
y no he sabido si crece con uve o con be.
He abierto mi mano al cielo
para ver si la lluvia la mojaba
con uve o con be.
Me ha dado el viento en la cara
y no he sentido si llevaba
una uve o una be.
La hierva, la llubia o el biento
son a pesar de las faltas ortográficas
y por eso las entiendo,
las faltas de respeto no.

Interrogada



Qué parte de ti es incomprensible
qué curva de tu cuerpo calcula la derivada del tiempo
qué lenguaje antiguo transcribe tu sonrisa
qué sombra es capaz de tatuar la luz que en tu piel espejea.

Si tu caricia es dada, me sobra el cielo.
Tu gesto abre el camino hacia los sueños.
Y cuando miras, tu mirada eleva un mar delicuescente.



Poesía en tiempos de coronavirus



Reloj de arena


El tiempo que pasa
el tiempo que pesa
el tiempo que lleva,
en su vientre mágico
donde nada inquieta,
criaturas muertas
y allí nos revela
luminarias ciegas.



Una vida

Hay una vida sin ti
en los nuevos abrazos,
las mesas de café
y pasear sin pasos.
Hay una vida sin mí
en paso a recogerte,
y tengo prisa por llegar a verte,
en la arena de los días de playa
y andar desnudos bajo las sábanas.



Frutos

Mi padre me enseñó
a comer ciruelas.
Admiraba su destreza
al degustar la fruta
y su alta presencia.
Me enseñó
a morder sutil
su pellejo oscurecido
y sorber su carne roja.
Me enseñó con esmero
y aprendí
a chupar hasta el hueso
toda su pulpa.
Me animó a saborear
su ácida dulzura
y a escarbar en su aroma
de siesta de verano,
a mancharme los labios
y las manos
del néctar de los días.
Mi padre me guio
en el dulce aprendizaje
de saber gustar
la vida.
Ahora hay un recuerdo
imborrable a ciruelas
en la caída roja
de la tarde de estío.






Diéresis

Esas dos pequitas que estiran la lengua,
lunares chiquitos,
coronan cabezas de las úes mudas.
Manchitas al viento sobre la escritura.
Un par de guisantes bajo un gran colchón,
me quitan el sueño.




Constructo

A veces dejo todo
y me aparto de mí lo suficiente
como para encontrarme a solas
con el nadie que soy.
Entonces me doy cuenta
que estoy hecho
de la arenisca de los días
y de la arcilla del recuerdo,
del viento oscuro de la noche
que levanta muros de soledad
y del titilar longevo del tiempo.
Soy materia ocupada por su esencia.


Invocaciones

Necesito una sonrisa
necesito un buen café
necesito una mañana
que me levante las ganas
de andar el día otra vez.



Dispensario

Una noche
en las urgencias médicas
se cruzó la muerte con tus ojos
sin levantar la vista.
La bata blanca y tu sonrisa
en la sala de espera de la vida.



Desasosiego

En este sinvivir
que no pasan las horas
ni soy quién quise ser
ni soy quién quiero ahora
ser este perdedor
de tiempo y de memoria,
que quiero ser contigo
la suerte de haber sido
solo una causa a solas.



Esclavitud

Cautivo en la galera
de la vida y el amor
remé y remé a la espera
de un puerto acogedor.



Lecturas

Hay poemas que son sólo una impresión somera,
se te vienen encima como llega el invierno.
Ni convinimos por qué ni de qué estaban hechos.
No recuerdas sus nombres ni sus rimas señeras.

Después llegaron otros algo más atinados
pero vagos, ligeros. Y la insistencia en ellos
su acierto fue ensayando en meticulosos versos.
También el tiempo a estos los pasaría por alto.

Restaban esos otros que atrapamos velados
por alguna turbación infiltrada en las venas.
Esos como yedra crecieron sin darnos cuenta
ligados a nuestro corazón. Enamorados.

Ocurre en la vida así con todo cuanto amamos.
Pronto nos engatusan los mimos y los gestos
triunfales. Luego más tarde llega alguien, tremendo
amor definitivo, al que vencido nos damos.



Cotidiana

Salió a comprar
una barra de pan,
se colocó
una sonrisa fresca
—su pelo viso al sol—,
y recorrió las calles
para tomar sus sueños
y vivir su pasión.



Perenne flor

Imperturbable
rosa,
no la rosa en su piel
arrugada en las horas,
la que tarda en romper
dentro del ser,
rosa enraizada
en la tierra abonada
del corazón.
Rostro de la alegría
gozosa flor.



Astros

Solo el objeto soy
que tu luz ilumina
si te apagas me apago
y entre tinieblas vivo
como materia oscura.



Consonancias

La vida es un poema
recitado a fragmentos,
imperfecto.
La amistad es un verso
pronunciado en aprecios,
consejero.
El tiempo es un soneto
donde rima el afecto,
predilecto.



Ocupaciones

Como quien va al mercado
temprano en la mañana
y compra la verdura de ese día,
el pan, la fruta, la leche y el pescado.
Y vuelve luego a la épica
de su vida habituada
a colocar la ropa en los armarios
abrir ventanas y airear la casa.
A la heroica tarea
de no venirse abajo
y como faena más
vivir sin importancia.



Ignición

Cuando leo un poema
arden sonoros versos
quemándose en el aire.
Candente su prosodia
oratoria de fuego.
Un poema es la lumbre
que incendia las palabras
abrasados los labios
que locuaces pronuncian
ardiente el pensamiento.
Un poema no es nada
más que lene pavesa
que en la noche fulgura.



Regreso

Tu amor en la cocina
me cuenta, en charla amena,
el día que ya no es tuyo
ni tuya la obra interpretada,
porque la página pasada
hace que tu pequeña historia
sea nota aguda que vibra
–solista en la memoria–
al pasar las exiguas hojas
de la partitura en mi espera
que descifra tus formas.



Otro abril


Están lloviendo ángeles
en la tarde amustiada
mientras un círculo de luz ceniza
encierra los últimos seres
rezagados en el aire.

A veces llueven ángeles
sobre el asfalto duro
de las palabras
y se encharcan los pulmones
del sucio aire
y el día moribundo.

Siempre me muero a estas horas
y con la noche resucito
vampiro torpe de las madrugadas
que no encuentra su sitio.

Callaré si me lo pide
el alba sin aurora
la suerte del día aletargado.

A veces llueven plumas
ligeras y volátiles,
otras, llovizna espuma,
en mis horas mortales.



habitabilidad

entornada la puerta de la tarde
entró tu ausencia
y me dolió el vacío
no por ver tu corazón amar de nuevo
me dolió
porque ahuecó el mío
dejándolo en las cuatro paredes



que lo ocupabas con días de centeno
y noches de vino
amueblando de caricias los rincones
con moldes de dulzura
fragmentos de la delicadeza
en lazo tus palabras
tu sombra derramada por las costuras
de la casa

ahora hay un gran dolor tras tu fuga
por el ventanal que mirábamos los sueños
y el cielo detenido para volver a mirar




Crepuscularia

Incendio tras incendio
la vida arde
en ocasos marinos
y calcinadas tardes
que mis ojos soñaron
entre abrazos
besos de aire.

Hoy cenicientas
pasan las horas clónicas
y en ese fuego
una llama heladora
consume y quema
parpadeo del agua
en cascada de sueños.



Magisterios


Cien años he tardado en pensar este verso

que ahora cae, sobre el papel, a plomo.

Un siglo de soledad escribiendo

sin una goma de escolar

con que borrar las cosas que están mal,

salpicadura de palabras heridas

rotos de desesperación,

el tono helado de la risa falsa

y un cuaderno pautado donde anoto

la caligrafía de todos los sueños.










La mujer rayo


Se me han roto las calles

en el vientre de la mañana azul

el puñetero tráfico

la urbanidad cansada

la estación de los pasos que perdí,

y bebo los sueños ingobernables

y rasgueo acordes de libertad

rebelde ante el miedo y el dolor.



Diez


Son las diez y me hablas

mientras te miro

desde este corazón tallado

por el tiempo indubitado.

Has arrancado de mí

la fealdad herrumbrosa

de mi destierro,

la lengua trapajosa

del desaliento.

Ya te diré si sueño

o es otra cosa

cuando tatúas en mí

una sonrisa diosa,

serena crepuscularia

de las rosas

tus besos como plumas

posados en mí aéreos.






La amistad


Poeta, dulce poeta,

pájaro que cada día

debe reinventar su vuelo

y con sus alas tocar

como nube roza el cielo

el ala del compañero

y remontar desde el sueño

inquebrantable y sincero.




Parada


Parada frente al mar

mientras tu mundo gira

orquídea de cristal,

la vida sale al paso

florece la ilusión

y tú abres las alas

de la sonrisa

siempre entusiasta

para los días que traerán

paz y esperanza.

Biografía



Un día seré apenas
una cita entre fechas
del principio y del fin
de mi existencia.
Y entonces habré cumplido
el compromiso contrariado 
de haber vivido
hasta el último instante
esta molicie de sentimientos.

Importa

No importa cómo empezó
aquello que nos tuvimos.
No importa por qué acabó
lo que sentimos.
Importa solo
sin más
que lo vivimos.


Una droga mortal



Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me he ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que es innecesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.

Atrapado



Cuando posas tus labios en mi boca 

en pleno gusto tú me das de lleno,

y aunque intento en mis besos

atrapar tu boca, solo me siento,

como niño subyugado en el juego,

prisionero en tus besos.



Canto a los necesarios




Son los incomprendidos
los anulados
los rechazados
los marginales hijos de la aurora
los que empuñan el día bien temprano
y se arrebujan en el vagón de cola.

Son trozos de carne florecida
desde el oscuro aire
que juntó dos cuerpos en la alcoba.
Los que no tienen pulso
y sobreviven al sunami
del tiempo y la memoria.

Los últimos de la fila
los opuestos, los contestatarios
los que llegan cuando ya no hay nadie
los infringidos
los que no tienen sombra
los que bailan a solas
los que cruzan a ciegas
los que no dicen no.
Los que nunca se rinden
aunque ya estén vencidos.

Los que escriben poemas
en los labios ajenos,
los que labran caricias
en texturas de sal.
Los que barren tristezas
y limpian pesadillas
para quitar el miedo
donde anida el temor.

Son los esforzados
sin que haya recompensa
los que no tienen nombre
porque nadie los nombra
los que no tienen sitio
porque no hay un lugar
que ampare su vacío.
Son los ineludibles
que hacen posible un mundo
contrariando su ser.




Reloj de arena




El tiempo que pasa

el tiempo que pesa

el tiempo que lleva,

en su vientre mágico

donde nada inquieta,

luciérnagas ciegas.



Ella


A veces, siendo joven,
 me aislaba en un poema
 y me quedaba dentro,
 igual que a un loco que internan
en una celda acolchada
para que no se lastime.
Pasaba el tiempo rebotando
contra las paredes,
estrellando pensamientos en el techo
revolcándome con las palabras
tirado por los suelos.
Y aparecía ella
cura luminosa
que calmaba la fiebre
y aplacaba el dolor.
Y con sus finos dedos cirujanos
me extirpaba los versos.


Aniquilado





Este exterminio atroz de los segundos

que me quita de en medio,

esta liquidación anfibológica

que me suprime las palabras,

este destierro de cuanto he vivido

que mutila mis alas.



Este exilio que no tiene sentido

confinamiento de percances,

deportación de todo lo que ha sido

piel de jergón en amapola blanca.

Soledad franquiciada y sufrimiento

aullido y légamo del alma.



Esta es la narración contada

en todas y cada una de las partes

de mi vida expatriada,

demolición, derribo,

deconstrucción sentida

de mi extinción hacia la nada.



Abrazaderas




Cada vez que te abrazo

abrazo un continente

de espumas y de risas,

un manantial de tiempo

vívido entusiasmado.


Cada vez que te abrazo

abrazo un universo

de caricias y sueños

donde igual que la sal

me deslío en tu mar.

Estado de alarma




Hoy he visto caminar
hombres solos en la soledad
de las calles vacías.
Y me he reconocido
en ese devenir
desmayado e incesante.



Cuidados



Nada me levanta al día
como la luz que iluminas:
en mi derrota me exaltas
en mi deseo me empapas
en mi desgana me avivas
y en mi descuido me tapas.




Maleducados



Es de mala educación
responder
sin que nadie te pregunte
maquinar sin los enredos
vivir sin abrigar sueños
amar sin el corazón
deprimirse sin flotar
lamentar sin soltar lágrimas
jadear sin un respiro
exhalar sin el aliento
tocar sin tacto
reír sin ganas
mirar sin ver
besar sin besos
y ser sin siendo.



A golpes




Maduramos a golpes:
a golpes de viento
a golpes de tos seca
a golpes propios del dolor
a golpes de realidad
y de arrepentimiento 
a golpes de soslayo
a golpes de orfandad
a golpes de confusión
a golpes de A más B igual a C
a golpes de buenos días sin respuesta
a golpes de la puerta que se cierra
a golpes de calamidad
y del ladrido sordo
a golpes de sulfato de odio
a golpes de ausencia
a golpes de pecho
a golpes de vértigo cervical
a golpes de lo que no se entiende
a golpes de miedo
a golpes de despedidas indeseadas
a golpes de se acabó lo que se daba
a golpes de vuelta a empezar
a golpes de años de soledad
a golpes de ecuación
y de términos desiguales
a golpes contusos
a golpes de volante
a golpes de vista
a golpes francos
a golpes de mar
a golpes de suerte
a golpes de gracia
a golpes de desengaño
y a cuatrocientos golpes
a golpes de fortuna
a golpes de estado
a golpes de malas palabras
a golpes de afecto
a golpes de calor
a golpes de fatiga
a golpes de hastío
a golpes de agua
a golpes de gente
a golpes de castigo
a golpes de mano
a golpes bajos
y, así, golpe a golpe,
hasta morir de golpe.




Astros



Solo el objeto soy
que tu luz ilumina
si te apagas me apago
y entre tinieblas vivo
como materia oscura.



Colisiones



Amores son destemplados
por soledad y silencio,
amores que son el tiempo
que madruga desencuentros.



Tímido sol




Tímido sol que conquistas
mi rostro amanecido
este invierno de escarchadas tristezas,
esperaré anhelante,
igual que quien sin resistencia espera
rompiente primavera.




Preterida



Si he de morir sin muerte

si he de vivir sin vida,

si respirar el aire

sin la sutil tibieza

de la alegría,

sin el llanto callado

que me recorre al verte,

sin apenas la luz 

de todas las mañanas

y el chorro de quietud

con que te hablaba,

si nada me sostiene

en el pesado mundo 

de mi cuerpo ya errante

a punto de marchar,

soltarme las amarras

para la libertad.





Laminar


Níveo tu cuerpo alza
escamas en la aurora
pétalos de sosiego,
alados titubeos
sobre un lecho de piel.




Todos los días



Todos los días

visto mi indumentaria

de persona normal.

Salgo a la calle

me junto con la gente

y soy uno más.



Vuelvo después

y me desnudo.

Pienso, bebo, amo

y sufro, por qué no,

con todo cuanto ocurre.



Despertares




He pasado la noche
en duermevela,
velándote la piel
hasta que amaneciera
la luz en ella
volviéndose a encender.




Cien palabras

Cien palabras son las precisas
para que un niño balbuciente
a sus padres les diga algo.
Cien palabras son necesarias
para que una carta de amor
traslade su mensaje sin pesar.
Cien palabras contenidas
en un cuaderno cerrado son forzadas
a guardar una íntima verdad.
Cien palabras sometidas
y obligadas por deslenguados se muestran
para violentar el lenguaje.
Cien palabras abatidas
por el desapego humano
y el gélido desaliento.
Cien palabras recogidas
para hablar sin pelos en la lengua
de aquello que pasa.
Cien palabras sencillas
son las que dan cuerpo a este poema
para recitarlo al aire.

Perenne flor



Imperturbable
rosa,
no la rosa en su piel
arrugada en las horas,
la que tarda en romper
dentro del ser,
rosa enraizada
en la tierra abonada
del corazón.



Desmemoria



Ya no me vi
ni me reconocí,
ante el espejo
solo percibí un reflejo
de la vida que viví.
Y es aquello que sentí
cuando todo es pasajero
sin lugar y sin misterio.



Poetas



Entre mi vida
la que ofrezco a diario
y que se sujeta
en el latido ufano 
de cada momento,
y mi otra vida
la de estos versos, digo,
y que también obsequio,
hay un abismo de soledad
y distanciamiento,
un mar desierto
que borra el viento.



Siendos

Somos un roto en el Universo:
el desgarro existencial
la bruma de tiempo
que nos contiene
y el denodado afán por respirar.


Cotidiana





Salió a comprar
una barra de pan,
se colocó
una sonrisa fresca
—su pelo viso al sol—,
y recorrió las calles
para tomar sus sueños
y vivir su pasión.



Último



En un eco vacío
proclamo mi inocencia
más ya nadie me escucha:
último espécimen
de la serie.



Entregas



Tú me prestas tu tiempo
para querernos
y nos damos amor
a manos llenas.
Yo te entrego mi tiempo
y nos amamos
sin mejor paliativo
que el de los cuerpos.



Hilos de la memoria



Y cuando tú no estés
sentada en el sofá,
mis manos transeúntes
pedirán, nuevamente,
limosnas de tu piel.



Desnortado

No hay algo que más desoriente
como estar a oriente del Oriente,
que es estar en Occidente
al oeste del Oeste
cuando sale el sol naciente
con sus rayos incipientes
y estrena el día saliente
sus colores más recientes.

Nadas



Lo que el poder oculta
Lo que la muerte calla
Lo que el amor no dice
Y lo que el tiempo ignora.
Nada habrá de importar.

Lugares



Hay lugares en el mundo
vistos por primera vez,
paisajes sublimes
que son revelados
al instante impelido
a desaparecer.

Espacios invisibles
a ojos de turista,
solo atrapados
por quien los mira
desde la blanca rosa
de la mirada nueva
y la endeblura
de la candidez.



Lecturas




Cuando leo un poema
arden sus versos
quemándose en el aire.
Llamarada incendiara
oratoria de fuego.
Un poema es la lumbre
que incendia las palabras
abrasados los labios
que locuaces pronuncian
ardiente el pensamiento.
Un poema no es nada
más que lene pavesa
que en la noche fulgura.




Abre su pecho

Abre su pecho
mete la mano honda
y extrae algo inveterado,
un letargo animal
guardado desde siempre.
Lo mira, se avergüenza
y lo vuelve a guardar.
No hay conciliación
ni arrepentimiento.

Llegar

Vine, viniste
a conjugar los verbos de mi ser
en esta hora quieta,
a vigilar con tu ojo de luna
mi trémula presencia
disuasoria y asparme
en la orilla boreal
de tu aquiescencia.

Vida útil

La vida útil es la duración estimada
que un material puede tener.

Mi vida inútil es la permanencia acertada
en la que mi corazón vuelve a querer.

La vida útil de un objeto
cumple correctamente con la función
para el cual ha sido creado.

Mi vida inútil es sustancia
creada para el gozo de vivir.

Normalmente, la vida útil
se computa por horas.

Mi vida inútil
la calculo en leves momentos
de sutil entusiasmo.

Nada más útil que todo aquello
sentido desde el gorgoteo de la emoción.

Ni más inútil que lo gastado
en la insensatez.

Aprendí

Aprendí a no decir
y por ello los charlatanes
me echaron.

Aprendí a no mentir
y los verdaderos hipócritas
me hostigaron.

Aprendí a no insultar
y los increpadores
me señalaron.

Aprendí a no asentir
y los sometidos
me rechazaron.

Aprendí a no dañar
y los agresores
me objetaron.

Aprendí a no envanecer
y los vanidosos
me humillaron.

Aprendí a no odiar
y los misántropos
me anularon.

Pero aprendí a amar
y las personas afables
me subyugaron.

Ignición



Cuando leo un poema
arden sonoros versos
quemándose en el aire.
Candente su prosodia
oratoria de fuego.
Un poema es la lumbre
que incendia las palabras
abrasados los labios
que locuaces pronuncian
ardiente el pensamiento.
Un poema no es nada
más que lene pavesa
que en la noche fulgura.



Economía de mercado

La justa. La injusta.
La que angustia a la gente corriente
para llegar a final de mes.
La verdadera y cruda economía
que cuenta, en céntimos o en euros,
cada gramo de tiempo perdido.
La horrorosa cantidad de vida
arruinada
en la sumas y restas del bienestar.

Dispensario


Una noche
en las urgencias médicas
se cruzó la muerte con tus ojos
sin levantar la vista.
La bata blanca y tu sonrisa
en la sala de espera de la vida.

Paralaje


Me da miedo mirar:
verte sin verte.
Y tus ojos tan cerca, volando
sin posarse.
Un segundo de luz, escasamente:
trescientas veces mil tu imagen.

Me da miedo escuchar:
oírte pronunciar.
Y quedar mudo siempre
fonema átono
al borde de tus labios:
hialoideos, triscados; turgente irisación.

Me da miedo pensar:
tenerte y no.
A ratos cuando hablo
o a penas me levanto,
sublimo tu escabiosa presencia
y luego escapas.

Me da miedo existir:
sentirte sin sentir.
Y estropearlo todo
más allá del silencio,
donde abundan los cuerpos
y mi inútil pasión por alcanzar tu amor.

Tareas

Las camas sin hacer
el suelo sin fregar
el tiempo sin contar
la vida sin vivir
y tú que ya no estás.

Pertenencias

Somos de las ciudades huéspedes temporales,
fugaces inquilinos de los rayos de sol,
aves de paso del rumor de los días,
transitorios espías de una vida mejor.
Interinos fantasmas del amor.
Somos de todo, nada nos pertenece.

Viaje en tren



Subí sin darme cuenta
aquella noche
no sé si era lluviosa
o de un otoño frío,
hace algunos años ahora.

Mi memoria no guarda fechas,
sólo, si acaso,
un álbum familiar de fotos borrosas.

Y comenzó el viaje que parecía lento
y lejano el final del trayecto.
La estación de partida era una fiesta
acelerado el corazón
y la impaciencia que hacía imaginar
otros lugares.

Al final del viaje
el tren no se detiene
y ves las estaciones pasar
como quien ve caer la lluvia
tras el cristal
y tiene miedo a mojarse
porque sabe del dolor y el placer
de estar calado
hasta los huesos.

Ocupaciones

Como quien va al mercado
temprano en la mañana
y compra la verdura de ese día,
el pan, la fruta, la leche y el pescado.
Y vuelve luego
a la épica de su vida
acostumbrada
a colocar la ropa en los armarios
abrir ventanas para airear la casa.
A la heroica tarea
de no venirse abajo
y como una faena más
escribir versos sin importancia.

Objetos perdidos



Hoy he perdido la tarde
y no sé dónde fue.
También perdí un amor,
varias veces la calma,
las llaves de la casa
y las muelas del juicio.

En mi despiste
no sé dónde está
tu sonrisa regalada,
la funda de las gafas,
ni sé dónde guardado
el Principio de Arquímedes.

Y por eso me hundo
porque no hay fuerza alguna
que me empuje hacia arriba
igual al peso del fluido
que desaloja mi cuerpo.
Ni hay forma de encontrar
en esta larga lista de extravíos
la Oficina de Objetos Perdidos.

Dibujo de agua

Lloverá.
Y la lluvia traerá
hilos de agua a la memoria.
Traerá días tan líquidos
como lágrimas en el mar
y un exceso de humedad en los labios
que luego formularán besos mojados.

Asidos



¿De qué ha valido todo
si nada ya persiste?
Mis manos olvidaron
calígrafas caricias
cuando tú sonreías
y la temprana luz
de tu respiración,
sin saber cuál sería
el final de esta historia.

No me importa vivir
y tú lo sabes
de cara a la pared de tu silueta
ni entre las sombras
malvas de la noche.
Solo quiero dormir
junto a tu pecho,
a ti sujeto
y no caer dentro del sueño.

Transitoriedad


Emergencias que salen
al paso de mis dudas.
No me quiero rendir
ni que me rinda nadie,
ni comulgar tampoco
con ruedas de molino.
Estoy casi desnudo
casi solo en el mundo
que es de afiladas sombras,
cuando tantos insisten
que no existe remedio
que todo es desaliento,
fracaso, abatimiento,
porque quienes quisieron
mejorar este mundo,
no acertaron de lleno.
Aunque sigo pensando
que todo se mejora
si mejora el afecto,
que a nadie salvaré
sin salvar lo que más quiero
de esa conjura de necios.

Canto enamorado

Es un acto de amor
comprometido,
dar sentido a la vida
cuando la vida
ya no tiene sentido.

Entregados




Entregados:
tú a mi yo
y mi yo a ti.




Un plato de lentejas

Mañana convocados
nuevamente
junto a un plato de lentejas.
La vida nos habrá sobrevenido
otra vez, sin percibir apenas,
que es lunes
pero no el mismo lunes
aunque sonriamos
con la misma franqueza,
mientras compartimos
vino, pan y mesa
y sentados sencillos
los mismos comensales
comamos con paciencia
el nutritivo afecto
de las cosas que cuentan.

Verso

Cada día que pasa
es un verso menos sin escribir
de este corto poema
que es mi vida.

Partida

Cuando no queden
más palabras en mi boca,
enterradme con versos.
Cuando mis ojos
se nieguen ver la luz,
cubridme con poemas.
Y cuando mi cuerpo
sea peso muerto,
igual que la nave
inmolada en el mar,
devolverme a ese mar
de poesía y allí,
enamorado, entre sueños,
bogar sobre lo eterno.

Invocaciones

Necesito una sonrisa
necesito un buen café
necesito una mañana
que me levante las ganas
de andar el día otra vez.

Constructo

A veces dejo todo
y me retiro de mí lo suficiente
como para encontrarme a solas
con el nadie que soy.
Entonces me doy cuenta
que estoy hecho
de la arenisca de los días
y de la arcilla del recuerdo,
del viento oscuro de la noche
que levanta muros de soledad
y del parpadear longevo del tiempo.
Soy materia ocupada por su esencia.

Modelado y vaciado

Volvemos al mismo lugar
a la estancia que fue,
colocamos los cuerpos
en idéntica pose,
misma mirada anfibia
doblaje de palabras,
manos, nuca y fricción.

Sincronizados
los ritmos cardiacos
y el plagio del instante
irrepetible
volviéndolo a llenar
con la carne fecunda
de aquella hora turbia,
igual que quien rellena
la moldura vacía,
derramando
saliva, caricias y piel
hasta sellar
esa grieta del tiempo.

Exactamente todo cuanto fue,
fielmente nada.

Frialdad


Es hoy invierno
amor
en tus ojos de hielo
y en tu gélida boca
de palabra glacial.
Es hoy invierno
amor
y escarcha el corazón
congelado y tan frío
como helero letal.







Singladuras



Mi corazón se rompe
nave estrellada
contra las altas rocas
mientras alcanza
tu costa acantilada.

Allí enhiesta de belleza
tu sonrisa es un faro
para quien naufraga
y como yo se pierde
en la oscura corriente
del desamparo.



Edad



Tengo la edad de seis niños,
tres veces la edad de un joven
y dos de un tipo mayor.
A la vida solo quiero
extraerle lo mejor
en este tiempo que tengo,
sacarle todo su jugo
beberme todo su amor,
porque, en resumidas cuentas,
uno tan solo es el fruto
del néctar que se nutrió
y, en el momento oportuno,
gusté hasta calmar la sed

de cuanto el azar me dio.

Otro otoño




Guardo un otoño roto
en secreta añoranza,
a la espera de abrirlo
cuando las hojas muertas
lluevan como los párpados
que se caen de sueño,
cuando besos maduran
fruto de la estación
donde ya nada puede
volver atrás. Y siento
la armonía del aire
invadir el paisaje.



Una droga mortal


Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me he ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que ya es necesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.