Importa

No importa cómo empezó
aquello que nos tuvimos.
No importa por qué acabó
lo que sentimos.
Importa solo
sin más
que lo vivimos.


Una droga mortal



Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me he ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que es innecesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.

Atrapado



Cuando posas tus labios en mi boca 

en pleno gusto tú me das de lleno,

y aunque intento en mis besos

atrapar tu boca, solo me siento,

como niño subyugado en el juego,

prisionero en tus besos.



Canto a los necesarios




Son los incomprendidos
los anulados
los rechazados
los marginales hijos de la aurora
los que empuñan el día bien temprano
y se arrebujan en el vagón de cola.

Son trozos de carne florecida
desde el oscuro aire
que juntó dos cuerpos en la alcoba.
Los que no tienen pulso
y sobreviven al sunami
del tiempo y la memoria.

Los últimos de la fila
los opuestos, los contestatarios
los que llegan cuando ya no hay nadie
los infringidos
los que no tienen sombra
los que bailan a solas
los que cruzan a ciegas
los que no dicen no.
Los que nunca se rinden
aunque ya estén vencidos.

Los que escriben poemas
en los labios ajenos,
los que labran caricias
en texturas de sal.
Los que barren tristezas
y limpian pesadillas
para quitar el miedo
donde anida el temor.

Son los esforzados
sin que haya recompensa
los que no tienen nombre
porque nadie los nombra
los que no tienen sitio
porque no hay un lugar
que ampare su vacío.
Son los ineludibles
que hacen posible un mundo
contrariando su ser.




Reloj de arena




El tiempo que pasa

el tiempo que pesa

el tiempo que lleva,

en su vientre mágico

donde nada inquieta,

luciérnagas ciegas.



Ella


A veces, siendo joven,
 me aislaba en un poema
 y me quedaba dentro,
 igual que a un loco que internan
en una celda acolchada
para que no se lastime.
Pasaba el tiempo rebotando
contra las paredes,
estrellando pensamientos en el techo
revolcándome con las palabras
tirado por los suelos.
Y aparecía ella
cura luminosa
que calmaba la fiebre
y aplacaba el dolor.
Y con sus finos dedos cirujanos
me extirpaba los versos.


Aniquilado





Este exterminio atroz de los segundos

que me quita de en medio,

esta liquidación anfibológica

que me suprime las palabras,

este destierro de cuanto he vivido

que mutila mis alas.



Este exilio que no tiene sentido

confinamiento de percances,

deportación de todo lo que ha sido

piel de jergón en amapola blanca.

Soledad franquiciada y sufrimiento

aullido y légamo del alma.



Esta es la narración contada

en todas y cada una de las partes

de mi vida expatriada,

demolición, derribo,

deconstrucción sentida

de mi extinción hacia la nada.



Abrazaderas




Cada vez que te abrazo

abrazo un continente

de espumas y de risas,

un manantial de tiempo

vívido entusiasmado.


Cada vez que te abrazo

abrazo un universo

de caricias y sueños

donde igual que la sal

me deslío en tu mar.

Estado de alarma




Hoy he visto caminar
hombres solos en la soledad
de las calles vacías.
Y me he reconocido
en ese devenir
desmayado e incesante.



Cuidados



Nada me levanta al día
como la luz que iluminas:
en mi derrota me exaltas
en mi deseo me empapas
en mi desgana me avivas
y en mi descuido me tapas.




Maleducados



Es de mala educación
responder
sin que nadie te pregunte
maquinar sin los enredos
vivir sin abrigar sueños
amar sin el corazón
deprimirse sin flotar
lamentar sin soltar lágrimas
jadear sin un respiro
exhalar sin el aliento
tocar sin tacto
reír sin ganas
mirar sin ver
besar sin besos
y ser sin siendo.



A golpes




Maduramos a golpes:
a golpes de viento
a golpes de tos seca
a golpes propios del dolor
a golpes de realidad
y de arrepentimiento 
a golpes de soslayo
a golpes de orfandad
a golpes de confusión
a golpes de A más B igual a C
a golpes de buenos días sin respuesta
a golpes de la puerta que se cierra
a golpes de calamidad
y del ladrido sordo
a golpes de sulfato de odio
a golpes de ausencia
a golpes de pecho
a golpes de vértigo cervical
a golpes de lo que no se entiende
a golpes de miedo
a golpes de despedidas indeseadas
a golpes de se acabó lo que se daba
a golpes de vuelta a empezar
a golpes de años de soledad
a golpes de ecuación
y de términos desiguales
a golpes contusos
a golpes de volante
a golpes de vista
a golpes francos
a golpes de mar
a golpes de suerte
a golpes de gracia
a golpes de desengaño
y a cuatrocientos golpes
a golpes de fortuna
a golpes de estado
a golpes de malas palabras
a golpes de afecto
a golpes de calor
a golpes de fatiga
a golpes de hastío
a golpes de agua
a golpes de gente
a golpes de castigo
a golpes de mano
a golpes bajos
y, así, golpe a golpe,
hasta morir de golpe.




Astros



Solo el objeto soy
que tu luz ilumina
si te apagas me apago
y entre tinieblas vivo
como materia oscura.



Colisiones



Amores son destemplados
por soledad y silencio,
amores que son el tiempo
que madruga desencuentros.



Tímido sol




Tímido sol que conquistas
mi rostro amanecido
este invierno de escarchadas tristezas,
esperaré anhelante,
igual que quien sin resistencia espera
rompiente primavera.




Preterida



Si he de morir sin muerte

si he de vivir sin vida,

si respirar el aire

sin la sutil tibieza

de la alegría,

sin el llanto callado

que me recorre al verte,

sin apenas la luz 

de todas las mañanas

y el chorro de quietud

con que te hablaba,

si nada me sostiene

en el pesado mundo 

de mi cuerpo ya errante

a punto de marchar,

soltarme las amarras

para la libertad.





Laminar


Níveo tu cuerpo alza
escamas en la aurora
pétalos de sosiego,
alados titubeos
sobre un lecho de piel.




Todos los días



Todos los días

visto mi indumentaria

de persona normal.

Salgo a la calle

me junto con la gente

y soy uno más.



Vuelvo después

y me desnudo.

Pienso, bebo, amo

y sufro, por qué no,

con todo cuanto ocurre.



Despertares




He pasado la noche
en duermevela,
velándote la piel
hasta que amaneciera
la luz en ella
volviéndose a encender.




Cien palabras

Cien palabras son las precisas
para que un niño balbuciente
a sus padres les diga algo.
Cien palabras son necesarias
para que una carta de amor
traslade su mensaje sin pesar.
Cien palabras contenidas
en un cuaderno cerrado son forzadas
a guardar una íntima verdad.
Cien palabras sometidas
y obligadas por deslenguados se muestran
para violentar el lenguaje.
Cien palabras abatidas
por el desapego humano
y el gélido desaliento.
Cien palabras recogidas
para hablar sin pelos en la lengua
de aquello que pasa.
Cien palabras sencillas
son las que dan cuerpo a este poema
para recitarlo al aire.

Perenne flor



Imperturbable
rosa,
no la rosa en su piel
arrugada en las horas,
la que tarda en romper
dentro del ser,
rosa enraizada
en la tierra abonada
del corazón.



Desmemoria



Ya no me vi
ni me reconocí,
ante el espejo
solo percibí un reflejo
de la vida que viví.
Y es aquello que sentí
cuando todo es pasajero
sin lugar y sin misterio.



Poetas



Entre mi vida
la que ofrezco a diario
y que se sujeta
en el latido ufano 
de cada momento,
y mi otra vida
la de estos versos, digo,
y que también obsequio,
hay un abismo de soledad
y distanciamiento,
un mar desierto
que borra el viento.



Siendos

Somos un roto en el Universo:
el desgarro existencial
la bruma de tiempo
que nos contiene
y el denodado afán por respirar.


Entregas



Tú me prestas tu tiempo
para querernos
y nos damos amor
a manos llenas.
Yo te entrego mi tiempo
y nos amamos
sin mejor paliativo
que el de los cuerpos.



Hilos de la memoria



Y cuando tú no estés
sentada en el sofá,
mis manos transeúntes
pedirán, nuevamente,
limosnas de tu piel.



Desnortado

No hay algo que más desoriente
como estar a oriente del Oriente,
que es estar en Occidente
al oeste del Oeste
cuando sale el sol naciente
con sus rayos incipientes
y estrena el día saliente
sus colores más recientes.

Nadas



Lo que el poder oculta
Lo que la muerte calla
Lo que el amor no dice
Y lo que el tiempo ignora.
Nada habrá de importar.

Lugares



Hay lugares en el mundo
vistos por primera vez,
paisajes sublimes
que son revelados
al instante impelido
a desaparecer.

Espacios invisibles
a ojos de turista,
solo atrapados
por quien los mira
desde la blanca rosa
de la mirada nueva
y la endeblura
de la candidez.



Lecturas




Cuando leo un poema
arden sus versos
quemándose en el aire.
Llamarada incendiara
oratoria de fuego.
Un poema es la lumbre
que incendia las palabras
abrasados los labios
que locuaces pronuncian
ardiente el pensamiento.
Un poema no es nada
más que lene pavesa
que en la noche fulgura.




Abre su pecho

Abre su pecho
mete la mano honda
y extrae algo inveterado,
un letargo animal
guardado desde siempre.
Lo mira, se avergüenza
y lo vuelve a guardar.
No hay conciliación
ni arrepentimiento.

Llegar

Vine, viniste
a conjugar los verbos de mi ser
en esta hora quieta,
a vigilar con tu ojo de luna
mi trémula presencia
disuasoria y asparme
en la orilla boreal
de tu aquiescencia.

Vida útil

La vida útil es la duración estimada
que un material puede tener.

Mi vida inútil es la permanencia acertada
en la que mi corazón vuelve a querer.

La vida útil de un objeto
cumple correctamente con la función
para el cual ha sido creado.

Mi vida inútil es sustancia
creada para el gozo de vivir.

Normalmente, la vida útil
se computa por horas.

Mi vida inútil
la calculo en leves momentos
de sutil entusiasmo.

Nada más útil que todo aquello
sentido desde el gorgoteo de la emoción.

Ni más inútil que lo gastado
en la insensatez.

Aprendí

Aprendí a no decir
y por ello los charlatanes
me echaron.

Aprendí a no mentir
y los verdaderos hipócritas
me hostigaron.

Aprendí a no insultar
y los increpadores
me señalaron.

Aprendí a no asentir
y los sometidos
me rechazaron.

Aprendí a no dañar
y los agresores
me objetaron.

Aprendí a no envanecer
y los vanidosos
me humillaron.

Aprendí a no odiar
y los misántropos
me anularon.

Pero aprendí a amar
y las personas afables
me subyugaron.

Economía de mercado

La justa. La injusta.
La que angustia a la gente corriente
para llegar a final de mes.
La verdadera y cruda economía
que cuenta, en céntimos o en euros,
cada gramo de tiempo perdido.
La horrorosa cantidad de vida
arruinada
en la sumas y restas del bienestar.

Dispensario


Una noche
en las urgencias médicas
se cruzó la muerte con tus ojos
sin levantar la vista.
La bata blanca y tu sonrisa
en la sala de espera de la vida.

Paralaje


Me da miedo mirar:
verte sin verte.
Y tus ojos tan cerca, volando
sin posarse.
Un segundo de luz, escasamente:
trescientas veces mil tu imagen.

Me da miedo escuchar:
oírte pronunciar.
Y quedar mudo siempre
fonema átono
al borde de tus labios:
hialoideos, triscados; turgente irisación.

Me da miedo pensar:
tenerte y no.
A ratos cuando hablo
o a penas me levanto,
sublimo tu escabiosa presencia
y luego escapas.

Me da miedo existir:
sentirte sin sentir.
Y estropearlo todo
más allá del silencio,
donde abundan los cuerpos
y mi inútil pasión por alcanzar tu amor.

Tareas

Las camas sin hacer
el suelo sin fregar
el tiempo sin contar
la vida sin vivir
y tú que ya no estás.

Pertenencias

Somos de las ciudades huéspedes temporales,
fugaces inquilinos de los rayos de sol,
aves de paso del rumor de los días,
transitorios espías de una vida mejor.
Interinos fantasmas del amor.
Somos de todo, nada nos pertenece.

Viaje en tren



Subí sin darme cuenta
aquella noche
no sé si era lluviosa
o de un otoño frío,
hace algunos años ahora.

Mi memoria no guarda fechas,
sólo, si acaso,
un álbum familiar de fotos borrosas.

Y comenzó el viaje que parecía lento
y lejano el final del trayecto.
La estación de partida era una fiesta
acelerado el corazón
y la impaciencia que hacía imaginar
otros lugares.

Al final del viaje
el tren no se detiene
y ves las estaciones pasar
como quien ve caer la lluvia
tras el cristal
y tiene miedo a mojarse
porque sabe del dolor y el placer
de estar calado
hasta los huesos.

Ocupaciones

Como quien va al mercado
temprano en la mañana
y compra la verdura de ese día,
el pan, la fruta, la leche y el pescado.
Y vuelve luego
a la épica de su vida
acostumbrada
a colocar la ropa en los armarios
abrir ventanas para airear la casa.
A la heroica tarea
de no venirse abajo
y como una faena más
escribir versos sin importancia.

Objetos perdidos



Hoy he perdido la tarde
y no sé dónde fue.
También perdí un amor,
varias veces la calma,
las llaves de la casa
y las muelas del juicio.

En mi despiste
no sé dónde está
tu sonrisa regalada,
la funda de las gafas,
ni sé dónde guardado
el Principio de Arquímedes.

Y por eso me hundo
porque no hay fuerza alguna
que me empuje hacia arriba
igual al peso del fluido
que desaloja mi cuerpo.
Ni hay forma de encontrar
en esta larga lista de extravíos
la Oficina de Objetos Perdidos.

Dibujo de agua

Lloverá.
Y la lluvia traerá
hilos de agua a la memoria.
Traerá días tan líquidos
como lágrimas en el mar
y un exceso de humedad en los labios
que luego formularán besos mojados.

Asidos



¿De qué ha valido todo
si nada ya persiste?
Mis manos olvidaron
calígrafas caricias
cuando tú sonreías
y la temprana luz
de tu respiración,
sin saber cuál sería
el final de esta historia.

No me importa vivir
y tú lo sabes
de cara a la pared de tu silueta
ni entre las sombras
malvas de la noche.
Solo quiero dormir
junto a tu pecho,
a ti sujeto
y no caer dentro del sueño.

Transitoriedad


Emergencias que salen
al paso de mis dudas.
No me quiero rendir
ni que me rinda nadie,
ni comulgar tampoco
con ruedas de molino.
Estoy casi desnudo
casi solo en el mundo
que es de afiladas sombras,
cuando tantos insisten
que no existe remedio
que todo es desaliento,
fracaso, abatimiento,
porque quienes quisieron
mejorar este mundo,
no acertaron de lleno.
Aunque sigo pensando
que todo se mejora
si mejora el afecto,
que a nadie salvaré
sin salvar lo que más quiero
de esa conjura de necios.

Entregados




Entregados:
tú a mi yo
y mi yo a ti.




Un plato de lentejas

Mañana convocados
nuevamente
junto a un plato de lentejas.
La vida nos habrá sobrevenido
otra vez, sin percibir apenas,
que es lunes
pero no el mismo lunes
aunque sonriamos
con la misma franqueza,
mientras compartimos
vino, pan y mesa
y sentados sencillos
los mismos comensales
comamos con paciencia
el nutritivo afecto
de las cosas que cuentan.

Partida

Cuando no queden
más palabras en mi boca,
enterradme con versos.
Cuando mis ojos
se nieguen ver la luz,
cubridme con poemas.
Y cuando mi cuerpo
sea peso muerto,
igual que la nave
inmolada en el mar,
devolverme a ese mar
de poesía y allí,
enamorado, entre sueños,
bogar sobre lo eterno.

Invocaciones

Necesito una sonrisa
necesito un buen café
necesito una mañana
que me levante las ganas
de andar el día otra vez.

Constructo

A veces dejo todo
y me retiro de mí lo suficiente
como para encontrarme a solas
con el nadie que soy.
Entonces me doy cuenta
que estoy hecho
de la arenisca de los días
y de la arcilla del recuerdo,
del viento oscuro de la noche
que levanta muros de soledad
y del parpadear longevo del tiempo.
Soy materia ocupada por su esencia.

Modelado y vaciado

Volvemos al mismo lugar
a la estancia que fue,
colocamos los cuerpos
en idéntica pose,
misma mirada anfibia
doblaje de palabras,
manos, nuca y fricción.

Sincronizados
los ritmos cardiacos
y el plagio del instante
irrepetible
volviéndolo a llenar
con la carne fecunda
de aquella hora turbia,
igual que quien rellena
la moldura vacía,
derramando
saliva, caricias y piel
hasta sellar
esa grieta del tiempo.

Exactamente todo cuanto fue,
fielmente nada.

Frialdad


Es hoy invierno
amor
en tus ojos de hielo
y en tu gélida boca
de palabra glacial.
Es hoy invierno
amor
y escarcha el corazón
congelado y tan frío
como helero letal.







Singladuras



Mi corazón se rompe
nave estrellada
contra las altas rocas
mientras alcanza
tu costa acantilada.

Allí enhiesta de belleza
tu sonrisa es un faro
para quien naufraga
y como yo se pierde
en la oscura corriente
del desamparo.



Edad



Tengo la edad de seis niños,
tres veces la edad de un joven
y dos de un tipo mayor.
A la vida solo quiero
extraerle lo mejor
en este tiempo que tengo,
sacarle todo su jugo
beberme todo su amor,
porque, en resumidas cuentas,
uno tan solo es el fruto
del néctar que se nutrió
y, en el momento oportuno,
gusté hasta calmar la sed

de cuanto el azar me dio.

Otro otoño




Guardo un otoño roto
en secreta añoranza,
a la espera de abrirlo
cuando las hojas muertas
lluevan como los párpados
que se caen de sueño,
cuando besos maduran
fruto de la estación
donde ya nada puede
volver atrás. Y siento
la armonía del aire
invadir el paisaje.



Una droga mortal


Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me he ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que ya es necesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.

Verano



Me ahorco en un verso
pero no soy yo,
es mi otro suicida
aquel que se mustia en las tardes
de plenitud y cuerpos pasajeros,
casi desnudos como este verano
de anuencia y de fuego.

Erguidos



Pido que se pongan en pie los marginados
los que no tienen voz ni apenas nombre,
que se levanten los apesadumbrados
los que no son nadie y tosen.
Los que llevan a rastras la existencia.

Pido que se pongan en pie los resignados
los que saben llorar y se emocionan,
que se vengan arriba los que apenan
y los que salen tras la lluvia a oler la tierra.
Los que se cruzan en los soportales
de la vida interior y la miseria.

Pido que se pongan en pie los rechazados
los que son omitidos, los no representados
y los que no son tenidos en cuenta.
Que se yergan los que no han sido invitados
a la fiesta brutal de la opulencia
y comen bocadillos tirados en las aceras.

Pido que se alcen los golpeados
los del destino aciago
los que tienen dolor de espalda y no se quejan,
los que hurgan en la basura
los que se mantienen en pie sin que se caigan
y los desmemoriados que el alma les sorbieron.
Los que se mueren de frío y el corazón les tiembla.
Pido que se yergan los que son poquita cosa,
los refutados, los inexactos, los preocupados,
los infelices, amilanados, los desterrados y los apátridas,
arrinconados y olvidados, los expulsados y demorados,
los repudiados, los despreciados y maltratados,
y los solitarios que andan contra el viento.

Pido por ellos y por todos nosotros,
enhiestos árboles de la convivencia
levantados a mantener la dignidad de ser
a elevar el valor de la vida
que pronuncia los nombres exactos
de la libertad, de la igualdad y lo fraterno,
con la cabeza alta y la mirada al cielo.
Pido por todos.

País de sol



Quiero vivir en un lugar
donde me abrigue el sol,
la calma y la sonrisa.
Un sitio donde desnudar
mi corazón, amable.
Donde quepan los días
adentro de las horas,
habitar el silencio
y oír su melodía,
la canción que retorna
a los labios de siempre
en suave despedida.

Islas



Voy de isla en isla
siempre el mismo náufrago.
Cruzo el mar eterno
del agua humana.
Hay otra orilla que me espera
arena amarilla para reposar
en calma la carne que abriga
mi conciencia de alga.


Abrir los ojos

Abrir los ojos, despertar,
levantarse de nuevo,
no,
comenzar de nuevo.
Despegar la fina cutícula
que los sueños fijan al cuerpo
mientras duerme,
poner el pie en tierra
y descender,
bajar al mundo.
Arreglarse para salir
a la calle,
no,
para salir de uno
y arrojarse al día,
como quien echa un despojo
a las alimañas famélicas.
Salir sin posibilidad de regresar
siendo el mismo
abandonado el cuerpo,
extraviado cosmonauta
en los cruces letales.
Volver sin ser el mismo
de todas las mañanas
de fugaces auroras eléctricas.
Sin ser,
siendo otra persona,
no,
otra persona
desvestida de su desnudez
atravesada por el uso de las horas,
por la fatiga de las palabras
amontonadas en la boca,
sin pronunciar.
Las Leyes Físicas



EL PRINCIPIO DE HEISENBERG

Nunca podré saber dónde se encuentra
cada átomo de mi cuerpo
y qué está haciendo,
pero ninguna incertidumbre
como la duda de una sombra en el corazón.


TALÓN DE AQUILES

Un corazón caliente
late más rápido
y ya es sabido
que cuantos más latidos gastados
más pronto lo agotamos:
¿he de invernar el mío?


EL RELOJ BIOLÓGICO

La temperatura determina el sexo de las tortugas
las alarmas dictan los horarios
y mi consuelo es ver ponerse el sol.

Las riquezas del mundo las bendicen las máquinas
la luz que aminora en invierno
produce depresión y hace florecer los crisantemos.

Las glándulas endocrinas segregan días sin calma
las neuronas nunca duermen
y los latidos del corazón cuentan un número exacto.

Las funciones vitales llegan tarde al trabajo
y el reloj circadiano atrasa cuando llueve.

Tenemos buen seguro, pagamos con tarjeta.
Definitivamente, estamos en el mundo:
la verdadera vida no está ausente.


TRAGARSE LAS PALABRAS

Quién no tiene que tragarse sus palabras
tantas veces a lo largo de una vida,
comerse lo que dijo
aquello que fue dogma y catecismo
de unas ideas claras.
Digerir la miseria
con que nos somos dados a la cosas
que nos rodean y pasan.


OJOS QUE NO VEN...

Mirar uno no quiere
hacia algunas cosas,
porque mirar es entender
y eso implica conciencia.

Por eso es preferible
comer ternera
y no saber cómo
fue degollado el animal,
vestir trajes de seda
y no conocer la tragedia
de los niños que en la India
estiran las urdimbres del telar
por diez rupias diarias.

Elegimos mirarnos al espejo
y nos disculpamos
con la autoayuda.

Mirar hacia otro lado
y taparse los ojos
ante lo que no nos gusta,
ocultar todo aquello
que es desagradable,
como quien tiene miedo
de saber lo que es.


UN VIEJO BODEGÓN

Un viejo bodegón abandonado en la basura
de escasa calidad y tosca técnica,
alguien lo repudió para que sea
pasto del reciclaje y comience otro ciclo.

Y de repente siento un pellizco dentro
y me lleno de inquietud
al preguntarme dónde quedó
el esfuerzo del artista aficionado,
su obstinación por controlar la técnica
sus horas de impaciencia
el ánimo en cada pincelada.
Dónde su amor por culminar la obra.

Y la pregunta viene a mí
como un perro a su amo:
qué fue de los besos entregados
que el tiempo borra
como el viento las huellas en la arena.
Qué del empuje y la pasión
que ardió en tantos cuerpos
ahora habitados de olvido.
Cuánto pesaron todos los sueños
soñados en la Tierra.
Dónde la pena que la gente oculta
cuando camina por las calles.

Un día cuando el ala mortal roce mi pecho
y me cunda una tristeza como de lavar platos
preguntaré dónde está todo lo que ha sido
adónde queda.


NADIE ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA

Siempre dan consejo
quienes no dan ejemplo:
nunca te cases, dice el marido;
no tengas hijos, habla la madre;
estudia mucho sugiere el hermano
mientras reparte pizzas a domicilio.

No fumes, esto no es bueno,
comenta el fumador de dedos amarillos.
No te emborraches
proclama en su resaca
el bebedor comprometido
con la botella.
No tomes drogas explica
el desintoxicado al filo del abismo.
No te enamores, se sufre tanto,
dicta el amante despechado.

Y me pregunto si a nadie satisface
sus prácticas de vida
por qué lo hacen.


PAREJAS

Paso por la ciudad inadvertido
como un fantasma pasa por la casa
que le sirvió de hogar y miro,
con la fría mirada de quien no siente nada,
las líneas paralelas de las calles
el doble sentido de las palabras,
la dualidad del mundo.
La doblez en el uso acostumbrado.

Las parejas errantes
que, en acopio de besos,
se embriagan entusiastas
de tardes y deseos,
entre las geometrías infinitas
y el murmullo del tiempo.

Y me vuelvo hacia adentro
a este apacible juego de solitario.
¿Será, al final, como decía mi madre
que no sirvo para vivir con nadie?


LA VIDA SE ME ENFRÍA

La vida se me enfría por momentos,
se me acaba el tabaco
y pierdo, sin quererlo,
otro minuto más de sueños
en la letra pequeña de un diario.
Como poco, medito, veo cine
y, como todo hijo de vecino,
en la cabeza tengo malos pensamientos:
esa pesada carga que heredamos
de las culpas cristianas
y los complejos de Freud.

La vida me traspasa, meridiana,
va de una parte a otra
y no me tiene en cuenta.
Crujen mis cervicales
con un chasquido lento
y me sacude el vértigo sentado en el sofá
mientras observo
las últimas noticias que da el telediario:
hambre, guerra, enfermedad, miseria,
en países lejanos.

La vida no me cuadra
no me salen las cuentas
y me aprieto el bolsillo.
Y entre dientes maldigo
que me hagan pagar
por tres cada peseta que un usurero banco
me cobra por la hipoteca
de mi tiempo y mi exigua libertad,
por el consumo de la existencia.

Si el alma inmortal fuera
y diera vueltas sobre la eternidad
-como el budismo cuenta-,
los bancos ya me habrían recaudado
varias reencarnaciones
y hasta el nirvana
por todas mis deudas.


MAR DE GALILEA

Andar sobre las aguas he querido,
ser un antiguo dios encumbrado en el mar,
caminar sin hundirme
sobre el breve latido de las cosas
que ocultan su desastre.
No tocar fondo nunca
cuando avanzo,
por el espejo usado de la vida,
hacia los demás.

Flotar como un fantasma
en el viento y las olas
de la tormenta humana.
Vivir como quien quiere
pasar de largo el piélago
de un mal trago,
ni siquiera advertido
apenas descubierto.
Un espectro velado
por la arena del tiempo.

Pero siempre me hundo
en el negro tarquín,
bajo la gravedad del mundo.
Y con el agua al cuello
braceo contra la corriente,
náufrago de las dudas
y la desesperanza,
mientras busco
una mano mesiánica
que me ampare
de estos días de nada.

Y me doy por perdido
como en este poema
al que niego la fe.


UNA DROGA MORTAL

Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me he ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que ya es necesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.


ACTA DIURNA
(Diario de la mañana)

Me despiertan las prisas y el olor a café,
el azogue del día, su bostezo salino.
Me espabila el urgente desnudo
cuerpo bajo las sábanas,
cuando el sueño es aún sueño de lo soñado.
De su aliento me viste el ángel rubio
y el estentor del fondo callejero.

Me incorpora la vida, con un soplo de azúcar,
al perverso capricho de leer los diarios
y cruzar los semáforos en rojo.

Una fotografía de culpa invade
la lectura que, como cada día,
con paciencia reitero.
Personajes anónimos y familiares,
repetidos semblantes,
nombres, datos y fechas,
y un pequeño dislate
sobre el hambre en el mundo:
nos comemos la dieta
de quien no tiene nada.

Titulares triunfantes
sobre la Casa Blanca, el Kremlin,
el Elíseo
y un pie de foto irritante:
son los dueños del mundo.

Desayuno a diario mi ración de sucesos
mi tostada con guerra, la sal de la violencia.
Víctimas y verdugos sazonan mi conciencia,
la conciencia de quien cumple
la cadena perpetua de ir a trabajar
hasta que el cuerpo aguante.
Ese aceite que gotean los nombres
que se pierden en los rudos engranajes
del olvido y del tiempo.


LAS MUDAS DE LA PIEL

Sé que no soy el mismo del domingo pasado
ni soy el que mañana lunes irá a trabajar,
porque abandonamos las mudas de la piel
como quien se desnuda de sus prendas más íntimas
y echa a la ropa sucia aquel que fue.

Y en un montón de trapos, a punto de lavar,
vemos, con mucha pena,
un pañal de la infancia,
el uniforme inevitable de colegial,
la vestimenta rancia
con la que se nos hizo comulgar.

También con pena vemos
el vestido inocente con que estrenamos
nuestro primer amor,
la ropa del domingo
y la de fiesta el sábado.

Recordamos el día que estrenamos,
ilusionados en nuestra madurez,
el ropaje de adulto
que nos hizo tan duros
frente al mundo por conquistar,
y el traje desposorio que nos comprometió.
La camisa de obrero que sudamos,
el ropaje gris de cada día
para afrontar la vida que nos tocó vivir.

Y al final, el blanco sudario
que nos vio palidecer.


LATIDO URBANO

Mi corazón es la ciudad intangible
la muchedumbre ausente,
los altos edificios sin su sombra.
Las plazas sin los juegos de niños.
Las callejas oscuras con miserables crímenes.

El pulso de mis arterias
son las calles vitales donde fluye la gente,
los quioscos de prensa
con diarios que hablan
del alto índice de infidelidades,
las paradas de taxis que recogen
viajeros hacia ninguna parte,
las colas de mendigos,
los parques clandestinos para citas de amor,
los negocios del cuerpo.
Las casas de los ricos
las salas de masaje
el miedo a no ser nadie.

Cruzan mi corazón
los metros subterráneos
de todas las paradas suburbiales.

Mi corazón es tiempo almacenado.

Cuenta atrás

Cuenta atrás

Cada vez somos más los que creemos menos
en tantas cosas que llenaron nuestras vidas
Julio Cortázar


Verás que todo es mentira
verás que nada es amor
que al mundo nada le importa
yira, yira.
E.S. Discépolo



La vida es injusta, desde el momento
en que la suerte te depara unos genes
hasta el momento en que el azar de alguna
enfermedad o accidente termina con tu vida.
Simón LeVay




IDEARIO


Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.




TANTAS VECES LA VIDA
En la vida es más necesario perder que ganar.
B. Pasternak



Has perdido tantas veces que una más ya no importa,
como tampoco importan, a poco que lo pienses,
otras que pronto llegarás a aguantar.
Te tienen sin cuidado los saldos cotidianos,
los juzgados de guardia y el papel timbrado,
las pilas alcalinas y los jóvenes yupis
porque sabes que pronto volverás a perder.
Eres esa mujer que acepta, en silencio, aquietada,
el duro golpe helado del rapto de su flor,
-muerto el disfraz ajado de su belleza ayer-.
Eres el hombre hastiado en el húmedo parque
que mira en soliloquio fugaz atardecer
cuando las canas pueblan la pensante testuz,
y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita
colillas machacadas y fuentes de cristal.
Te tienen derrotado los ecos de la noche
la noctámbula voz de las sirenas
las canciones de sal,
y ese lento vacío de las conversaciones.
Te han vencido las líneas de otro amanecer
al confundir los rostros de los que van y vienen
-nunca sabrás muy bien-.
Estaciones de metro y garajes vacíos
te recuerdan que añoras volver a la niñez.
Te arruinan los bares, los kioscos de prensa,
la marca de las cosas y el último autobús
-ese que nunca llega-.
Te soterran las prisas, las angustias mortales
y las salas de espera, el cansino existir
cuando ya nada importa y ya a nada sabe
el hecho de vivir.


SOUVENIR
(Cimentière Montparnasse)
Para Antonio Peña

Vallejo está en su tumba guardado,
bien guardado, al fondo Montparnasse
con su torre negra y su tapiz de razas.
Los muertos arropados por el mustio recuerdo
oyen ruido de rosas y feliz aguacero.
París es una fiesta de gentes
y los muertos se ríen desde el silencio,
mientras mi corazón se inclina,
delante de las tumbas, hacia ellos.

Vallejo está sin César bajo la sepultura
y me alegro de verte buen amigo
con tu salud, tu vida, tu mirada,
siempre tan cuñadito y a lo lejos
los frondosos castaños parisinos
que tú tanto gustabas.
Julio con su Cortázar y sus cronopios
da un juego interesante
mientras revolotean por su tumba
meopas y pameos que dibujan rayas ambiguas en el cielo.
Baudelaire escondido entre la hiedra fina
va deshojando, alegre, flores marchitas
y Alhekin le acompaña en una partida
sin final y sin causa.

Vallejo está perdido entre ángeles caídos en el suelo,
como hojas de otoño
sobre lápidas que sus nombres ignoran:
Beckett, Sartre, Maupassant.
París es una tumba inmensa.


LA LUZ DE TU VENTANA


En el nocturno paisaje de la ciudad que duerme
veo la clara luz de tu ventana
y tras de ella a ti, ensimismada y leve, como una hache,
bajo tu rostro alegre y tus ojos de agua.
Te imagino distraída, líquida y liviana,
buscando alguna fórmula, entre sueños mojados,
que te enseñe a vivir.
Vivir como tú quieres: dulce, lejana; mar.
A ratos volviéndote al espejo
para buscar una sonrisa cómplice y amena
que, poco a poco, diluya tu vigilia
hasta hacerte flotar, como flota la luz de tu ventana,
sobre el vertiginoso añil de la ciudad.


ME GUSTA LA CIUDAD


Me gusta la ciudad serena y triste
a esas horas que todos han huido
hacia el íntimo refugio de las cosas.
Cuando en el aire flotan, todavía, los ecos
de escandalosas fiestas y muchedumbres locas.
Entonces que la ciudad tiene conmigo
un gusto de cómplice y resaca
y late como mi corazón, solitario y tan frío,
desnudo con la noche,
furtivo como una rata.
Cansado y ronco como el ladrido
de un perro viejo que la lluvia calara.

Me gusta la ciudad a esas horas duras
que no la vive nadie, sólo las sombras
de seres que parecen venidos de otro mundo
a recoger las bolsas de basura,
mientras el aire se espesa y son
inútiles las señales de tráfico y las aceras.


EN ESTE VERSO CAIGO MUERTO

At the end of this sentence, rain will begin.Derek Walcott

En este verso caigo muerto y ya no me levanto
porque no hay un Dios que, como a Lázaro,
diga que me levante y ande
a escribir nuevamente versos por vanidad,
por la lucha de clases o por amor al arte.
Herido, mortalmente, por todos los costados,
agonizante y triste como un viejo elefante,
me retiro a la cueva y termino el desastre
mientras busco refugio en mi ideario.
NIÑAS DE PAPEL
La vie est une pute
la mort une salope
pourtant on aime les filles.
De una pintada parisina


Son niñas de papel que se desnudan,
blancos cuerpos de seda junto al mar,
y que esperan, bañadas por la luz,
dorarse con perfiles de bronce y de sal.

Tendidas en la arena dejan pasar las horas,
felinas y entusiastas cuentan intimidades
y ríen, largamente, bajo un poniente sol.
Indolentes al mundo, confiadas, inquietas, juegan
a confundir las sombras con reflejos.

Han cogido la tarde y se la llevan puesta
como un vestido nuevo ajustado a la piel,
se marchan de puntillas con un secreto
que ellas mismas ignoran frente al mar
-el misterio del tiempo y el de la rosa-.
Vuelven a la ciudad murmurescente
mientras susurran sueños de amores y de azar.

Son niñas de papel desvanecidas
en la fotografía lenta que el ocaso revela,
claros cuerpos de azucena que efímeros recrean
una postal de arena que el viento borrará.


PAPEL VACÍO

¡Cuántas veces he salido
a buscar una palabra!
Francisco Ayudarte 


Me doy de cabezazos contra el papel vacío:
ya importa poco el cuerpo que tomen las palabras
empeñado en encontrar un verso
que rime mis pisadas con la calle
-sinceramente cierto-
y cuyo ritmo sea como el chapotear de las gotas de agua.
Metáforas de caucho y de rodadas
me vienen a la mente mientras los intertextos
pueblan la vida de confusiones varias.

Me ahogo en tanto blanco, en tanto sinsentido,
luchando cada noche contra ese enemigo mortal
que es un papel sin nada
que siempre va conmigo, dando tumbos,
también en cada madrugada y que me hace insomne
como el llanto de un niño.



HOY NO TENGO MI DÍA


Hoy tengo una agonía de tristeza sin fin
que me carcome el alma,
un traje de botones, barba de cinco días,
carraspera y ojeras añil.

Hoy tengo estropeada la cañería
por donde sube y baja la sensatez,
me pesa respirar y me fatigo mucho
con las cosas que pasan.

Tiendo a la hipocondría, me deprimen
las noticias que sacuden el mundo,
mi paladar sostiene que el café está amargo
y sufro demasiado cuando pienso.

Me apena la ambición y los pobres sin tregua,
el autobús urbano y sus paradas,
los portales vacíos
y los que nunca encuentran el camino de vuelta.

Hoy no tengo mi día,
pero es verdad que nunca lo he tenido,
como no han sido míos los minutos y horas
que consumo como si fuera un fumador empedernido.

Hoy me acuesto temprano a cavilar
sobre el sentido del día que pasa,
y pienso el poco crédito que tiene lo que escribo
y en la súbita muerte de la palabra.



DEMORAS


Mis amigos me dicen, con insistencia,
que por qué no publico
la suma de versos que a mis espaldas llevo
-como alma que en pena
carga con sus pecados-.
Mis compañeros de fútbol me gritan,
con mucha urgencia,
para que llegue a tiempo a la pelota.
Y nadie observa
que siempre alcanzo tarde cualquier meta,
porque no tengo prisa en llegar
y camino.

Tardé en echarme novia,
fui tarde a hacer la mili y por poco si llego,
con mucha calma tarde me hice mayor
y con mi habitual torpeza,
llego tarde a las citas,
y cuando al cine entro
la película va por el primer beso.
Es un sino este el mío que puede ser congénito,
lírico o existencial -no lo sabremos-,
porque nunca me acuerdo de llegar a mi hora
y con cierto retraso me acuesto o me levanto.
Por eso fue, quizás, que no hice carrera
en el fútbol profesional como Butragueño,
y por eso será que no recibiré
el Premio Nacional de Poesía
como García Montero.

Y es que el tiempo,
sustancia de la que estamos hechos,
me enferma y me arruina
y por eso creo
que sólo seré puntual a la última cita:
la verdadera.



ARREBATO

Quiero escribir, pero me sale espuma.
Quiero decir muchísimo y me atollo.


César Vallejo


De pronto me entusiasmo
y me vuelve la emoción de escribir poesía
igual que si tuviera ahora veinte años,
y prisa por comerme el mundo.
Pero ya no es lo mismo
porque me cuesta tanto pelear cada noche
contra el papel vacío,
mendigar una palabra que signifique algo
diferente al cansancio o al escepticismo
que alimentan mi vida.

El peor de estos días peores
será cuando acabe atrapado por una telaraña
que crece entre mis libros
regada, en mitad de una selva de letras,
por el polvo del tiempo gastado.
También los poemas son a veces
como un monstruo que me traga
que me devora vivo,
y mañana será lunes, por ejemplo,
y seguiré escribiendo estas u otras cosas
que es como decir
continuaré soportando esta existencia
-la única quizás-,
más flaco que nunca
y tan desconsolado como de costumbre,
mientras recuerdo que Borges llegó a decir
en insolente argentino
que dejar de escribir un solo día
era pecar contra el Espíritu Santo.

Luego queda ese regusto amargo
por saber si este baile con la poesía
vale para algo, porque el zapatero
piensa en lo bien que caminan sus zapatos,
y el albañil seguro de su oficio
sabe que los techos de su casa
no dan agua y refugian del frío,
pero estos versos míos tan canijos, tan blandos,
a quién dan de comer y a quién calientan
en sus peores ratos.



FUE ENTONCES...


Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento

Julio Cortázar


Fue entonces que dijiste,
-cuando todo tal vez ya estaba muerto
y empezaban ahondarse mucho más las heridas-,
como sentencia atroz: seguirás escribiendo.

Quise romperlo todo,
anegar con mi llanto estos versos y otros,
quemar papeles, libros, palabras no inventadas.
Vender este destino de poemas y letras,
odiar cuantas metáforas pudiera yo soñar.

Fue entonces que dijiste...
y ya no quise ser más amante de nada
que no fuera estar cerca de donde estabas tú.

Desde ese día odié esta fútil paciencia
de buscar la belleza y apresarla en palabras,
esta tarea inútil de forjar el lenguaje del viento
y el alma del silencio.

Desde ese día estéril me hundo entre las líneas,
me ahogo en los vocablos
y me dejo llevar, perdido en la corriente,
por el duro fracaso de tu amor.

Desde ese día que todo estaba escrito,
me siento condenado a mirarme sin ti
y, sin embargo, anoto estas letras finales,
sabiendo, más que nunca, que ya no estarás tú,
ahora cuando entiendo que escribir es vivir
y vivir es morir a cada instante.




PARTIDA DE AJEDREZ

envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Gil de Biedma



Una partida de ajedrez juego a diario
que es la misma y distinta a la vez.
En esta lucha estéril que mantengo
he perdido, a la fecha,
tres molares, un puñado de pelos
y algo de vista,
la juventud, mi escaso crédito,
las ilusiones y una media sonrisa.
La pierdo cuando creo que la gano,
mientras miro en la tele esos cuentos modernos
de chicas neumáticas con sus pechos de goma,
en el escaso significado que mantienen las palabras
y, como siempre, frente a los deseos.
Es un juego que pierdo en esas madrugadas
donde creo que no existo
y me arrastro, penoso,
al refugio de mi lecho postrero.

Si las cuentas no fallan son treinta
y seis largos años enfrentado a un extraño,
tropezando con un animal vagamente cercano
que me sigue donde quiera que vaya
y me recuerda, con felina mirada,
desde el lado imposible del espejo,
a ese pobre diablo que veo en mí.
Una partida lenta que muere cada tarde
como un adagio de Barber o de Mahler,
y se come las piezas de los nombres olvidados
por la memoria afectiva del corazón.

Sobre el tablero faltan los primeros peones,
amigos de la infancia que el tiempo degluyó
y vuelven los domingos,
como imágenes sepia de una vieja película
contada con guión y escenario de barrio:
los partidos de fútbol que nunca terminaban,
el gomero, las bolas,
churrichurri mi capitán al uno,
las flechas de carrizo con sus puntas de lata
y aquel chichón que tanto daño me hizo,
herido como estaba en mi orgullo infantil.

Tampoco están ahora, aquellos
compañeros en piso de estudiantes,
forradas las paredes con carteles de Bakunin y el Che,
la profunda liturgia por mejorar el mundo,
y descubrir el sexo y el hachís
en una tarde juntos, Rimbaud y Baudelaire,
Pink Floyd, la Naranja Mecánica,
Mari Carmen y el Ultimo Tango en París.

Al comienzo, recuerdo, nada hacía presagiar este desastre
-como el pájaro que al despuntar el día
abre sus alas sin miedo a equivocarse-,
pero el primer error, aquel que fue un mal cálculo,
me enseñó pronto arriar las velas del corazón.
Luego, más tarde, traspasados los años supe
que era mejor el día para dormir
y desnudar el alba tras la noche canalla
con el amor entre las piernas,
y el pleno gusto de confundirme
equivocando a quienes me amaban.

Con el paso del tiempo cargado de costumbres,
de vicios y de achaques,
de irremediables incertidumbres,
la ausencia de piezas,
el oscuro desaire de enterrar ideales
como quien va enterrando sus muertos uno a uno,
me hacen agachar la cabeza y seguir adelante
renegando entre dientes
que la literatura no salva a nadie,
ni este juego perverso de escribir poesía
me va a sacar a flote de la negra rutina
donde se ahogan estos días perdidos.

Vivir es un error que he comprendido tarde
y no sé si el hallazgo me complace o me aturde,
cuando veo más claro el final del engaño,
de esta partida inútil que juego contra mí
y los conejos siguen creciendo en Australia.
Ahora cuando quedan las piezas esenciales
y consulto las dudas, el desaliento,
las renuncias y el desamor.

Un final que comienzo a encontrar aburrido,
una lucha con muy poca ecuación
que me anuncia que, rendido ante el mundo,
daré por bueno un jaque mate.



ÍNDICES DE AUDIENCIA

Los índices de audiencia
dejan frío mi corazón cada mañana.
Las cuotas de pantalla han matado
los sueños que de niño tenía,
y han ido aniquilando, uno a uno,
los héroes que animaron el mundo,
los dueños de la Tierra:
Tarzán, la mona Chita,
Peter Pan, Charlot, Félix el Gato,
el Conejo de la Suerte,
el capitán Trueno
y el Gordo y el Flaco.



AQUEL AMOR

quem nunc amabis?
cuius esse diceris?
quem basiabis?
cui labella mordebis?
Catulo, VIII



Te lo di todo y todo fue tan poco para ti
que ahora es nada aquel amor que te tenía.
Aquel que hirvió en las tardes y saludó las noches
mientras buscaba fabulosos animales por tu piel.

Aquel amor que, inocente y entregado,
rompió las soledades junto al mar y en la cama,
con la fuerza de un dios desconocido
y besos imposibles quebrándose al caer.

Quizás no sea bueno recordar lo que fuimos
para no darnos cuenta que vuelve a suceder
que otro amor, quizás igual que áquel,
nos engañe -ángel o diablo-, nuevamente otra vez.



PERRO VIEJO


Soy como un perro viejo
que ha aprendido a recelar de todo
y que a nadie fía su corazón.
En mi lomo doy fe de algunos palos
que hube de soportar y hoy son cicatrices.
Un viejo perro solo que vaga
por las calles vacías sin rumbo ni destino
a pique de toparme con alguien
todavía más asustado,
más viejo y perro que yo.
Me valen pocas cosas porque en el fondo
pocas son las que valen para sobrevivir,
y la entereza siempre
para aguantar el resto de los días
que faltan por venir.
Lo que queda son sobras de la comida
por las que no estoy dispuesto a ladrar más,
si acaso enseñaré los dientes
tan sólo como un gesto que intenta intimidar.
Un viejo perro flaco que a casi nada es fiel,
si acaso a esa mano que un día me ayudó
y a estos malos versos que andan conmigo
como si fueran pulgas que recorren mi piel.


MIRADAS

hay miradas femeninas que tienen algo
de la triste perfección de un soneto

Émile M. Cioran


Te miro, me miras, nos miramos
con un lenguaje mudo:
sólo risas y ojos para hablarnos.
Una conversación de palabras inciertas,
inmateriales,
tan sólo sombra y luz para su causa.
Tus ojos y mis ojos a la vez mueren
-como peces sin agua-
en un diálogo silencioso y callado,
en una conversación de fuego y nieve.
Equívocos los ojos con que me miras
y enmudeces la voz de mi retina.



HOY PRACTICO EL SILENCIO


Hoy practico el silencio que no es poco,
la mudez temprana, el mutismo hondo,
la afonía y la calma.

He sepultado el canto y el grito ambicioso,
el falso declamar y el recitar famoso
de los nuevos poetas.

Hoy me callo para que hablen otros
y que mi lengua sea caudal insonoro
y no estilete.

Ganas me dan de no escribir un sólo verso,
poner punto y final y guardar los acentos
junto a las comas.

Liberar las metáforas, los nombres propios,
romper las oraciones, los grupos fónicos
y reírme de todo.

A fin de cuentas si algo valió la pena
es el haber andado por esta tierra
sin mucho ruido.

Porque en este mundo nada tiene sentido
si no es el cielo del olvido
y el de la rosa.



VOCES

A veces me pregunto
-no sin melancolía-
si en la callada voz de tu rutina
cuando unos días se parecen a otros días,
tú alegre reirás recordando los besos,
aquellos besos largos que tu boca traían,
la tarde toda tibia bajo tu suéter gris
y el tímido temblor de tus pechos de nácar.
Ahora que el tiempo tiene memoria,
la terrible memoria de las cosas que han sido
y sólo son ya eco de una voz interior
tropezando a deshoras
en las frías paredes de una casa vacía,
me pregunto por la tarde y los besos.

Esa casa vacía que se parece a mí
y cada anochecer vienen a ella
-como vino esta noche
la dulce desazón de aquel momento-,
demonios familiares
y voces que murmuran en silencio
un recuerdo lejano de caricias y esperas.

La respuesta terrible
dice que no serás la misma
-pálida rosa que me abría su ser-,
ni yo tampoco el mismo
dentro de estas estancias donde habito
como una casa sola dispuesta a envejecer.




VIAJE A PARÍS IMAGINARIO

Las siete de la mañana, París se despereza
y yo triste turista recién desembarcado
junto al Sena, estación de Austerliz.
Una violinista toca a Brahms monótona y ausente
mientras oleadas de gente cruzan
por puertas correderas dejando unas monedas.
Desayuno una infusión de idiomas,
café francés y cruasán a solas
con el viajero que viene conmigo desde lejos.
Entre un ruido de máquinas que tican
compromisos en las fauces del día
y un andar de pisadas confusas,
la liberté, la égalité y la fraternité
afloran en los bulevares como un perfume caro.
Kieslowski, Truffaut, cuatrocientos colores
y tres golpes de suerte.

En un vagón de metro la soledad me espía,
tiene rostro oriental,
rasgos perdidos de ser interurbano.
Las luces pasan rápidamente
mientras viajo por las tripas de la ciudad,
las mismas luces pálidas que se quiebran
en túneles sin salida ni solución.
En Convention hay un poema escrito
con versos de tiza en la pizarra
para recordarme que aunque el amor no existe
en la orilla derecha del Sena,
alguien obtuvo satisfacción a un precio razonable.
Y por eso las rubias sirenas que pueblan
el fondo del río prefieren por amantes
sólo a los suicidas.


SEÑALES DE LA NOCHE

Te seguí sin pensarlo,
sin saber de ti nada porque aquello que ignoro
me arrastra hacia el misterio del deseo y la dicha.
Fui detrás sin que tú lo supieras
como ángel oscuro
y tus pasos livianos me guiaron
hasta un concierto de música que no entendí muy bien:
las pistas de la noche tienen muchos destinos.
Allí, en la confusa marejada humana,
te descubrí reinando entre las gentes
como tú sóla sabes reinar en tu hermosura,
adueñada del mundo que te tocó vivir.

Luego en un chiringuito con el mar por terraza
bailabas embebida entre gritos y copas,
era un lugar sin nombre
o quizás sólo sea que no quiero acordarme
porque ya para entonces a mi también
el güisqui me hacía naufragar en las horas.
En un sombrío recodo me saliste al paso,
era una larga cola que las chicas guardaban
para entrar al servicio de señoras
y apenas me miraste.

Más tarde, ya la noche aturdida de alcohol,
me pareció un momento que a mí me sonreías
y tuve el sentimiento de quien logra vencer.
No hubo una palabra entre nosotros dos
para hacerte entender que yo existía también
en ese instante torpe de plena actualidad
-la tiranía del tiempo causa muchos despojos-.
Y así seguí bebiendo tras el rastro salvaje
que tus encantos dejan por las noches sin cielo
y tú indiferente a mi proximidad.

Cuando quise acordarme de la hora que era
-la conciencia es un vicio que no sé sublimar
y uno siempre recuerda-,
el día ya aclaraba su rostro celestial
y tú, desconocida y joven,
otra vez imposible,
te habías escurrido delante de mis ojos
como quien ve pasar, al raso de un cielo negro,
una estrella fugaz que anuncia la belleza
delante de la estela de su brillo mortal.



MALAS NOTICIAS

Uno no sabe bien dónde meterse
cuando comienzan a llegar malas noticias,
porque no hay costumbre ni hábito ni estilo,
ni el humor suficiente para hacer frente
a ese torbellino que lo pone todo
patas arriba.

Es tan difícil, en esas circunstancias,
quedarse firme, tieso
como un joven soldado,
enfrentado al mundo doloroso
como si nada nos hubiera pasado.

Sin saber qué decir ni qué es lo que siente,
porque nunca hay palabras capaces de vestir
ese hecho desnudo que es la muerte.



TIEMPO PRESTADO


Huele a invierno en abril
porque la lluvia trae
hielo en su corazón
y moja todo con nombres de otros días,
con gotas de ansiedad.

Vivo en diciembre en un país de sol
y me derrito cuando escucho la luz tan cegadora
escurrirse por las cañerías de las semanas,
devoradora de este tiempo
que nos prestaron para vivir.



EL ULTIMO BARCO

Como el último barco que surge entre la niebla espesa:
fantasmal, solitario, rendido a su destino
de haber vivido mucho y no saber si bien,
y que espera para ser recibido en dársenas dormidas.
Así aparezco yo en las sórdidas noches
por los cruces mortales
que tienden avenidas insensibles al paso,
esperando abrazar el postrero desastre
del tiempo que se va.
Como mi vida, a golpe de oleaje,
que se estrella en las rocas
de una profesión a la que no tengo mucho aprecio,
más que por lo que dice por todo lo que calla.
Por eso espero llegar hasta esa ensenada
que me devuelva al olvido,
al seno de las cosas que no tienen memoria.
Y mientras tanto doy noticias
que son pura ficción y otras que son mentira,
malas y buenas informaciones
que a veces son un calco de mi vida.