Las Leyes Físicas



EL PRINCIPIO DE HEISENBERG

Nunca podré saber dónde se encuentra
cada átomo de mi cuerpo
y qué está haciendo,
pero ninguna incertidumbre
como la duda de una sombra en el corazón.


TALÓN DE AQUILES

Un corazón caliente
late más rápido
y ya es sabido
que cuantos más latidos gastados
más pronto lo agotamos:
¿he de invernar el mío?


EL RELOJ BIOLÓGICO

La temperatura determina el sexo de las tortugas
las alarmas dictan los horarios
y mi consuelo es ver ponerse el sol.

Las riquezas del mundo las bendicen las máquinas
la luz que aminora en invierno
produce depresión y hace florecer los crisantemos.

Las glándulas endocrinas segregan días sin calma
las neuronas nunca duermen
y los latidos del corazón cuentan un número exacto.

Las funciones vitales llegan tarde al trabajo
y el reloj circadiano atrasa cuando llueve.

Tenemos buen seguro, pagamos con tarjeta.
Definitivamente, estamos en el mundo:
la verdadera vida no está ausente.


TRAGARSE LAS PALABRAS

Quién no tiene que tragarse sus palabras
tantas veces a lo largo de una vida,
comerse lo que dijo
aquello que fue dogma y catecismo
de unas ideas claras.
Digerir la miseria
con que nos somos dados a la cosas
que nos rodean y pasan.


OJOS QUE NO VEN...

Mirar uno no quiere
hacia algunas cosas,
porque mirar es entender
y eso implica conciencia.

Por eso es preferible
comer ternera
y no saber cómo
fue degollado el animal,
vestir trajes de seda
y no conocer la tragedia
de los niños que en la India
estiran las urdimbres del telar
por diez rupias diarias.

Elegimos mirarnos al espejo
y nos disculpamos
con la autoayuda.

Mirar hacia otro lado
y taparse los ojos
ante lo que no nos gusta,
ocultar todo aquello
que es desagradable,
como quien tiene miedo
de saber lo que es.


UN VIEJO BODEGÓN

Un viejo bodegón abandonado en la basura
de escasa calidad y tosca técnica,
alguien lo repudió para que sea
pasto del reciclaje y comience otro ciclo.

Y de repente siento un pellizco dentro
y me lleno de inquietud
al preguntarme dónde quedó
el esfuerzo del artista aficionado,
su obstinación por controlar la técnica
sus horas de impaciencia
el ánimo en cada pincelada.
Dónde su amor por culminar la obra.

Y la pregunta viene a mí
como un perro a su amo:
qué fue de los besos entregados
que el tiempo borra
como el viento las huellas en la arena.
Qué del empuje y la pasión
que ardió en tantos cuerpos
ahora habitados de olvido.
Cuánto pesaron todos los sueños
soñados en la Tierra.
Dónde la pena que la gente oculta
cuando camina por las calles.

Un día cuando el ala mortal roce mi pecho
y me cunda una tristeza como de lavar platos
preguntaré dónde está todo lo que ha sido
adónde queda.


NADIE ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA

Siempre dan consejo
quienes no dan ejemplo:
nunca te cases, dice el marido;
no tengas hijos, habla la madre;
estudia mucho sugiere el hermano
mientras reparte pizzas a domicilio.

No fumes, esto no es bueno,
comenta el fumador de dedos amarillos.
No te emborraches
proclama en su resaca
el bebedor comprometido
con la botella.
No tomes drogas explica
el desintoxicado al filo del abismo.
No te enamores, se sufre tanto,
dicta el amante despechado.

Y me pregunto si a nadie satisface
sus prácticas de vida
por qué lo hacen.


PAREJAS

Paso por la ciudad inadvertido
como un fantasma pasa por la casa
que le sirvió de hogar y miro,
con la fría mirada de quien no siente nada,
las líneas paralelas de las calles
el doble sentido de las palabras,
la dualidad del mundo.
La doblez en el uso acostumbrado.

Las parejas errantes
que, en acopio de besos,
se embriagan entusiastas
de tardes y deseos,
entre las geometrías infinitas
y el murmullo del tiempo.

Y me vuelvo hacia adentro
a este apacible juego de solitario.
¿Será, al final, como decía mi madre
que no sirvo para vivir con nadie?


LA VIDA SE ME ENFRÍA

La vida se me enfría por momentos,
se me acaba el tabaco
y pierdo, sin quererlo,
otro minuto más de sueños
en la letra pequeña de un diario.
Como poco, medito, veo cine
y, como todo hijo de vecino,
en la cabeza tengo malos pensamientos:
esa pesada carga que heredamos
de las culpas cristianas
y los complejos de Freud.

La vida me traspasa, meridiana,
va de una parte a otra
y no me tiene en cuenta.
Crujen mis cervicales
con un chasquido lento
y me sacude el vértigo sentado en el sofá
mientras observo
las últimas noticias que da el telediario:
hambre, guerra, enfermedad, miseria,
en países lejanos.

La vida no me cuadra
no me salen las cuentas
y me aprieto el bolsillo.
Y entre dientes maldigo
que me hagan pagar
por tres cada peseta que un usurero banco
me cobra por la hipoteca
de mi tiempo y mi exigua libertad,
por el consumo de la existencia.

Si el alma inmortal fuera
y diera vueltas sobre la eternidad
-como el budismo cuenta-,
los bancos ya me habrían recaudado
varias reencarnaciones
y hasta el nirvana
por todas mis deudas.


MAR DE GALILEA

Andar sobre las aguas he querido,
ser un antiguo dios encumbrado en el mar,
caminar sin hundirme
sobre el breve latido de las cosas
que ocultan su desastre.
No tocar fondo nunca
cuando avanzo,
por el espejo usado de la vida,
hacia los demás.

Flotar como un fantasma
en el viento y las olas
de la tormenta humana.
Vivir como quien quiere
pasar de largo el piélago
de un mal trago,
ni siquiera advertido
apenas descubierto.
Un espectro velado
por la arena del tiempo.

Pero siempre me hundo
en el negro tarquín,
bajo la gravedad del mundo.
Y con el agua al cuello
braceo contra la corriente,
náufrago de las dudas
y la desesperanza,
mientras busco
una mano mesiánica
que me ampare
de estos días de nada.

Y me doy por perdido
como en este poema
al que niego la fe.


UNA DROGA MORTAL

Me fui poniendo ciego con la vida
porque me fue gustando,
lo confieso.

Enamorarme de sus trucos más viejos:
las tardes, los paseos,
las citas en los bares,
comer fuera de casa,
charlar con los amigos,
probar lo prohibido,
amar sin compromiso,
liarme y desliarme.

Tener sueños de gloria
y utopías de una existencia mejor,
más razonable.
Gritar contra lo injusto
y ponerme del lado
del que no es nadie.

Había un no sé qué
por cargar lo que me echaran,
comerme el mundo
en un instante
y tropezar tantas veces
en la misma piedra.

Con el paso del tiempo
me ido quitando
de muchos de esos vicios,
de todo aquello que ya es necesario
y que es casi todo.

Por la borda he tirado
manías y prejuicios,
ambiciones que no valen la pena.

A pesar de los años
no me he desenganchado
de esta droga tan dura
que es vivir con un tiempo prestado
mientras el deseo me mata.


ACTA DIURNA
(Diario de la mañana)

Me despiertan las prisas y el olor a café,
el azogue del día, su bostezo salino.
Me espabila el urgente desnudo
cuerpo bajo las sábanas,
cuando el sueño es aún sueño de lo soñado.
De su aliento me viste el ángel rubio
y el estentor del fondo callejero.

Me incorpora la vida, con un soplo de azúcar,
al perverso capricho de leer los diarios
y cruzar los semáforos en rojo.

Una fotografía de culpa invade
la lectura que, como cada día,
con paciencia reitero.
Personajes anónimos y familiares,
repetidos semblantes,
nombres, datos y fechas,
y un pequeño dislate
sobre el hambre en el mundo:
nos comemos la dieta
de quien no tiene nada.

Titulares triunfantes
sobre la Casa Blanca, el Kremlin,
el Elíseo
y un pie de foto irritante:
son los dueños del mundo.

Desayuno a diario mi ración de sucesos
mi tostada con guerra, la sal de la violencia.
Víctimas y verdugos sazonan mi conciencia,
la conciencia de quien cumple
la cadena perpetua de ir a trabajar
hasta que el cuerpo aguante.
Ese aceite que gotean los nombres
que se pierden en los rudos engranajes
del olvido y del tiempo.


LAS MUDAS DE LA PIEL

Sé que no soy el mismo del domingo pasado
ni soy el que mañana lunes irá a trabajar,
porque abandonamos las mudas de la piel
como quien se desnuda de sus prendas más íntimas
y echa a la ropa sucia aquel que fue.

Y en un montón de trapos, a punto de lavar,
vemos, con mucha pena,
un pañal de la infancia,
el uniforme inevitable de colegial,
la vestimenta rancia
con la que se nos hizo comulgar.

También con pena vemos
el vestido inocente con que estrenamos
nuestro primer amor,
la ropa del domingo
y la de fiesta el sábado.

Recordamos el día que estrenamos,
ilusionados en nuestra madurez,
el ropaje de adulto
que nos hizo tan duros
frente al mundo por conquistar,
y el traje desposorio que nos comprometió.
La camisa de obrero que sudamos,
el ropaje gris de cada día
para afrontar la vida que nos tocó vivir.

Y al final, el blanco sudario
que nos vio palidecer.


LATIDO URBANO

Mi corazón es la ciudad intangible
la muchedumbre ausente,
los altos edificios sin su sombra.
Las plazas donde juegan los niños ausentes.
Las callejas oscuras con miserables crímenes.

El pulso de mis arterias
son las calles vitales donde fluye la gente,
los quioscos de prensa
con diarios que hablan
del alto índice de infidelidades,
las paradas de taxis que recogen
viajeros hacia ninguna parte,
las colas de mendigos,
los parques clandestinos para citas de amor,
los negocios del cuerpo.
Las casas de los ricos
las salas de masaje
el miedo a no ser nadie.

Cruzan mi corazón
los metros subterráneos
de todas las paradas suburbiales.

Mi corazón es tiempo almacenado.

Cuenta atrás

Cuenta atrás

Cada vez somos más los que creemos menos
en tantas cosas que llenaron nuestras vidas
Julio Cortázar


Verás que todo es mentira
verás que nada es amor
que al mundo nada le importa
yira, yira.
E.S. Discépolo



La vida es injusta, desde el momento
en que la suerte te depara unos genes
hasta el momento en que el azar de alguna
enfermedad o accidente termina con tu vida.
Simón LeVay




IDEARIO


Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.




TANTAS VECES LA VIDA
En la vida es más necesario perder que ganar.
B. Pasternak



Has perdido tantas veces que una más ya no importa,
como tampoco importan, a poco que lo pienses,
otras que pronto llegarás a aguantar.
Te tienen sin cuidado los saldos cotidianos,
los juzgados de guardia y el papel timbrado,
las pilas alcalinas y los jóvenes yupis
porque sabes que pronto volverás a perder.
Eres esa mujer que acepta, en silencio, aquietada,
el duro golpe helado del rapto de su flor,
-muerto el disfraz ajado de su belleza ayer-.
Eres el hombre hastiado en el húmedo parque
que mira en soliloquio fugaz atardecer
cuando las canas pueblan la pensante testuz,
y la ciudad perdida, a lo lejos, vomita
colillas machacadas y fuentes de cristal.
Te tienen derrotado los ecos de la noche
la noctámbula voz de las sirenas
las canciones de sal,
y ese lento vacío de las conversaciones.
Te han vencido las líneas de otro amanecer
al confundir los rostros de los que van y vienen
-nunca sabrás muy bien-.
Estaciones de metro y garajes vacíos
te recuerdan que añoras volver a la niñez.
Te arruinan los bares, los kioscos de prensa,
la marca de las cosas y el último autobús
-ese que nunca llega-.
Te soterran las prisas, las angustias mortales
y las salas de espera, el cansino existir
cuando ya nada importa y ya a nada sabe
el hecho de vivir.


SOUVENIR
(Cimentière Montparnasse)
Para Antonio Peña

Vallejo está en su tumba guardado,
bien guardado, al fondo Montparnasse
con su torre negra y su tapiz de razas.
Los muertos arropados por el mustio recuerdo
oyen ruido de rosas y feliz aguacero.
París es una fiesta de gentes
y los muertos se ríen desde el silencio,
mientras mi corazón se inclina,
delante de las tumbas, hacia ellos.

Vallejo está sin César bajo la sepultura
y me alegro de verte buen amigo
con tu salud, tu vida, tu mirada,
siempre tan cuñadito y a lo lejos
los frondosos castaños parisinos
que tú tanto gustabas.
Julio con su Cortázar y sus cronopios
da un juego interesante
mientras revolotean por su tumba
meopas y pameos que dibujan rayas ambiguas en el cielo.
Baudelaire escondido entre la hiedra fina
va deshojando, alegre, flores marchitas
y Alhekin le acompaña en una partida
sin final y sin causa.

Vallejo está perdido entre ángeles caídos en el suelo,
como hojas de otoño
sobre lápidas que sus nombres ignoran:
Beckett, Sartre, Maupassant.
París es una tumba inmensa.


LA LUZ DE TU VENTANA


En el nocturno paisaje de la ciudad que duerme
veo la clara luz de tu ventana
y tras de ella a ti, ensimismada y leve, como una hache,
bajo tu rostro alegre y tus ojos de agua.
Te imagino distraída, líquida y liviana,
buscando alguna fórmula, entre sueños mojados,
que te enseñe a vivir.
Vivir como tú quieres: dulce, lejana; mar.
A ratos volviéndote al espejo
para buscar una sonrisa cómplice y amena
que, poco a poco, diluya tu vigilia
hasta hacerte flotar, como flota la luz de tu ventana,
sobre el vertiginoso añil de la ciudad.


ME GUSTA LA CIUDAD


Me gusta la ciudad serena y triste
a esas horas que todos han huido
hacia el íntimo refugio de las cosas.
Cuando en el aire flotan, todavía, los ecos
de escandalosas fiestas y muchedumbres locas.
Entonces que la ciudad tiene conmigo
un gusto de cómplice y resaca
y late como mi corazón, solitario y tan frío,
desnudo con la noche,
furtivo como una rata.
Cansado y ronco como el ladrido
de un perro viejo que la lluvia calara.

Me gusta la ciudad a esas horas duras
que no la vive nadie, sólo las sombras
de seres que parecen venidos de otro mundo
a recoger las bolsas de basura,
mientras el aire se espesa y son
inútiles las señales de tráfico y las aceras.


EN ESTE VERSO CAIGO MUERTO

At the end of this sentence, rain will begin.Derek Walcott

En este verso caigo muerto y ya no me levanto
porque no hay un Dios que, como a Lázaro,
diga que me levante y ande
a escribir nuevamente versos por vanidad,
por la lucha de clases o por amor al arte.
Herido, mortalmente, por todos los costados,
agonizante y triste como un viejo elefante,
me retiro a la cueva y termino el desastre
mientras busco refugio en mi ideario.
NIÑAS DE PAPEL
La vie est une pute
la mort une salope
pourtant on aime les filles.
De una pintada parisina


Son niñas de papel que se desnudan,
blancos cuerpos de seda junto al mar,
y que esperan, bañadas por la luz,
dorarse con perfiles de bronce y de sal.

Tendidas en la arena dejan pasar las horas,
felinas y entusiastas cuentan intimidades
y ríen, largamente, bajo un poniente sol.
Indolentes al mundo, confiadas, inquietas, juegan
a confundir las sombras con reflejos.

Han cogido la tarde y se la llevan puesta
como un vestido nuevo ajustado a la piel,
se marchan de puntillas con un secreto
que ellas mismas ignoran frente al mar
-el misterio del tiempo y el de la rosa-.
Vuelven a la ciudad murmurescente
mientras susurran sueños de amores y de azar.

Son niñas de papel desvanecidas
en la fotografía lenta que el ocaso revela,
claros cuerpos de azucena que efímeros recrean
una postal de arena que el viento borrará.


PAPEL VACÍO

¡Cuántas veces he salido
a buscar una palabra!
Francisco Ayudarte 


Me doy de cabezazos contra el papel vacío:
ya importa poco el cuerpo que tomen las palabras
empeñado en encontrar un verso
que rime mis pisadas con la calle
-sinceramente cierto-
y cuyo ritmo sea como el chapotear de las gotas de agua.
Metáforas de caucho y de rodadas
me vienen a la mente mientras los intertextos
pueblan la vida de confusiones varias.

Me ahogo en tanto blanco, en tanto sinsentido,
luchando cada noche contra ese enemigo mortal
que es un papel sin nada
que siempre va conmigo, dando tumbos,
también en cada madrugada y que me hace insomne
como el llanto de un niño.



HOY NO TENGO MI DÍA


Hoy tengo una agonía de tristeza sin fin
que me carcome el alma,
un traje de botones, barba de cinco días,
carraspera y ojeras añil.

Hoy tengo estropeada la cañería
por donde sube y baja la sensatez,
me pesa respirar y me fatigo mucho
con las cosas que pasan.

Tiendo a la hipocondría, me deprimen
las noticias que sacuden el mundo,
mi paladar sostiene que el café está amargo
y sufro demasiado cuando pienso.

Me apena la ambición y los pobres sin tregua,
el autobús urbano y sus paradas,
los portales vacíos
y los que nunca encuentran el camino de vuelta.

Hoy no tengo mi día,
pero es verdad que nunca lo he tenido,
como no han sido míos los minutos y horas
que consumo como si fuera un fumador empedernido.

Hoy me acuesto temprano a cavilar
sobre el sentido del día que pasa,
y pienso el poco crédito que tiene lo que escribo
y en la súbita muerte de la palabra.



DEMORAS


Mis amigos me dicen, con insistencia,
que por qué no publico
la suma de versos que a mis espaldas llevo
-como alma que en pena
carga con sus pecados-.
Mis compañeros de fútbol me gritan,
con mucha urgencia,
para que llegue a tiempo a la pelota.
Y nadie observa
que siempre alcanzo tarde cualquier meta,
porque no tengo prisa en llegar
y camino.

Tardé en echarme novia,
fui tarde a hacer la mili y por poco si llego,
con mucha calma tarde me hice mayor
y con mi habitual torpeza,
llego tarde a las citas,
y cuando al cine entro
la película va por el primer beso.
Es un sino este el mío que puede ser congénito,
lírico o existencial -no lo sabremos-,
porque nunca me acuerdo de llegar a mi hora
y con cierto retraso me acuesto o me levanto.
Por eso fue, quizás, que no hice carrera
en el fútbol profesional como Butragueño,
y por eso será que no recibiré
el Premio Nacional de Poesía
como García Montero.

Y es que el tiempo,
sustancia de la que estamos hechos,
me enferma y me arruina
y por eso creo
que sólo seré puntual a la última cita:
la verdadera.



ARREBATO

Quiero escribir, pero me sale espuma.
Quiero decir muchísimo y me atollo.


César Vallejo


De pronto me entusiasmo
y me vuelve la emoción de escribir poesía
igual que si tuviera ahora veinte años,
y prisa por comerme el mundo.
Pero ya no es lo mismo
porque me cuesta tanto pelear cada noche
contra el papel vacío,
mendigar una palabra que signifique algo
diferente al cansancio o al escepticismo
que alimentan mi vida.

El peor de estos días peores
será cuando acabe atrapado por una telaraña
que crece entre mis libros
regada, en mitad de una selva de letras,
por el polvo del tiempo gastado.
También los poemas son a veces
como un monstruo que me traga
que me devora vivo,
y mañana será lunes, por ejemplo,
y seguiré escribiendo estas u otras cosas
que es como decir
continuaré soportando esta existencia
-la única quizás-,
más flaco que nunca
y tan desconsolado como de costumbre,
mientras recuerdo que Borges llegó a decir
en insolente argentino
que dejar de escribir un solo día
era pecar contra el Espíritu Santo.

Luego queda ese regusto amargo
por saber si este baile con la poesía
vale para algo, porque el zapatero
piensa en lo bien que caminan sus zapatos,
y el albañil seguro de su oficio
sabe que los techos de su casa
no dan agua y refugian del frío,
pero estos versos míos tan canijos, tan blandos,
a quién dan de comer y a quién calientan
en sus peores ratos.



FUE ENTONCES...


Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento

Julio Cortázar


Fue entonces que dijiste,
-cuando todo tal vez ya estaba muerto
y empezaban ahondarse mucho más las heridas-,
como sentencia atroz: seguirás escribiendo.

Quise romperlo todo,
anegar con mi llanto estos versos y otros,
quemar papeles, libros, palabras no inventadas.
Vender este destino de poemas y letras,
odiar cuantas metáforas pudiera yo soñar.

Fue entonces que dijiste...
y ya no quise ser más amante de nada
que no fuera estar cerca de donde estabas tú.

Desde ese día odié esta fútil paciencia
de buscar la belleza y apresarla en palabras,
esta tarea inútil de forjar el lenguaje del viento
y el alma del silencio.

Desde ese día estéril me hundo entre las líneas,
me ahogo en los vocablos
y me dejo llevar, perdido en la corriente,
por el duro fracaso de tu amor.

Desde ese día que todo estaba escrito,
me siento condenado a mirarme sin ti
y, sin embargo, anoto estas letras finales,
sabiendo, más que nunca, que ya no estarás tú,
ahora cuando entiendo que escribir es vivir
y vivir es morir a cada instante.




PARTIDA DE AJEDREZ

envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Gil de Biedma



Una partida de ajedrez juego a diario
que es la misma y distinta a la vez.
En esta lucha estéril que mantengo
he perdido, a la fecha,
tres molares, un puñado de pelos
y algo de vista,
la juventud, mi escaso crédito,
las ilusiones y una media sonrisa.
La pierdo cuando creo que la gano,
mientras miro en la tele esos cuentos modernos
de chicas neumáticas con sus pechos de goma,
en el escaso significado que mantienen las palabras
y, como siempre, frente a los deseos.
Es un juego que pierdo en esas madrugadas
donde creo que no existo
y me arrastro, penoso,
al refugio de mi lecho postrero.

Si las cuentas no fallan son treinta
y seis largos años enfrentado a un extraño,
tropezando con un animal vagamente cercano
que me sigue donde quiera que vaya
y me recuerda, con felina mirada,
desde el lado imposible del espejo,
a ese pobre diablo que veo en mí.
Una partida lenta que muere cada tarde
como un adagio de Barber o de Mahler,
y se come las piezas de los nombres olvidados
por la memoria afectiva del corazón.

Sobre el tablero faltan los primeros peones,
amigos de la infancia que el tiempo degluyó
y vuelven los domingos,
como imágenes sepia de una vieja película
contada con guión y escenario de barrio:
los partidos de fútbol que nunca terminaban,
el gomero, las bolas,
churrichurri mi capitán al uno,
las flechas de carrizo con sus puntas de lata
y aquel chichón que tanto daño me hizo,
herido como estaba en mi orgullo infantil.

Tampoco están ahora, aquellos
compañeros en piso de estudiantes,
forradas las paredes con carteles de Bakunin y el Che,
la profunda liturgia por mejorar el mundo,
y descubrir el sexo y el hachís
en una tarde juntos, Rimbaud y Baudelaire,
Pink Floyd, la Naranja Mecánica,
Mari Carmen y el Ultimo Tango en París.

Al comienzo, recuerdo, nada hacía presagiar este desastre
-como el pájaro que al despuntar el día
abre sus alas sin miedo a equivocarse-,
pero el primer error, aquel que fue un mal cálculo,
me enseñó pronto arriar las velas del corazón.
Luego, más tarde, traspasados los años supe
que era mejor el día para dormir
y desnudar el alba tras la noche canalla
con el amor entre las piernas,
y el pleno gusto de confundirme
equivocando a quienes me amaban.

Con el paso del tiempo cargado de costumbres,
de vicios y de achaques,
de irremediables incertidumbres,
la ausencia de piezas,
el oscuro desaire de enterrar ideales
como quien va enterrando sus muertos uno a uno,
me hacen agachar la cabeza y seguir adelante
renegando entre dientes
que la literatura no salva a nadie,
ni este juego perverso de escribir poesía
me va a sacar a flote de la negra rutina
donde se ahogan estos días perdidos.

Vivir es un error que he comprendido tarde
y no sé si el hallazgo me complace o me aturde,
cuando veo más claro el final del engaño,
de esta partida inútil que juego contra mí
y los conejos siguen creciendo en Australia.
Ahora cuando quedan las piezas esenciales
y consulto las dudas, el desaliento,
las renuncias y el desamor.

Un final que comienzo a encontrar aburrido,
una lucha con muy poca ecuación
que me anuncia que, rendido ante el mundo,
daré por bueno un jaque mate.



ÍNDICES DE AUDIENCIA

Los índices de audiencia
dejan frío mi corazón cada mañana.
Las cuotas de pantalla han matado
los sueños que de niño tenía,
y han ido aniquilando, uno a uno,
los héroes que animaron el mundo,
los dueños de la Tierra:
Tarzán, la mona Chita,
Peter Pan, Charlot, Félix el Gato,
el Conejo de la Suerte,
el capitán Trueno
y el Gordo y el Flaco.



AQUEL AMOR

quem nunc amabis?
cuius esse diceris?
quem basiabis?
cui labella mordebis?
Catulo, VIII



Te lo di todo y todo fue tan poco para ti
que ahora es nada aquel amor que te tenía.
Aquel que hirvió en las tardes y saludó las noches
mientras buscaba fabulosos animales por tu piel.

Aquel amor que, inocente y entregado,
rompió las soledades junto al mar y en la cama,
con la fuerza de un dios desconocido
y besos imposibles quebrándose al caer.

Quizás no sea bueno recordar lo que fuimos
para no darnos cuenta que vuelve a suceder
que otro amor, quizás igual que áquel,
nos engañe -ángel o diablo-, nuevamente otra vez.



PERRO VIEJO


Soy como un perro viejo
que ha aprendido a recelar de todo
y que a nadie fía su corazón.
En mi lomo doy fe de algunos palos
que hube de soportar y hoy son cicatrices.
Un viejo perro solo que vaga
por las calles vacías sin rumbo ni destino
a pique de toparme con alguien
todavía más asustado,
más viejo y perro que yo.
Me valen pocas cosas porque en el fondo
pocas son las que valen para sobrevivir,
y la entereza siempre
para aguantar el resto de los días
que faltan por venir.
Lo que queda son sobras de la comida
por las que no estoy dispuesto a ladrar más,
si acaso enseñaré los dientes
tan sólo como un gesto que intenta intimidar.
Un viejo perro flaco que a casi nada es fiel,
si acaso a esa mano que un día me ayudó
y a estos malos versos que andan conmigo
como si fueran pulgas que recorren mi piel.


MIRADAS

hay miradas femeninas que tienen algo
de la triste perfección de un soneto

Émile M. Cioran


Te miro, me miras, nos miramos
con un lenguaje mudo:
sólo risas y ojos para hablarnos.
Una conversación de palabras inciertas,
inmateriales,
tan sólo sombra y luz para su causa.
Tus ojos y mis ojos a la vez mueren
-como peces sin agua-
en un diálogo silencioso y callado,
en una conversación de fuego y nieve.
Equívocos los ojos con que me miras
y enmudeces la voz de mi retina.



HOY PRACTICO EL SILENCIO


Hoy practico el silencio que no es poco,
la mudez temprana, el mutismo hondo,
la afonía y la calma.

He sepultado el canto y el grito ambicioso,
el falso declamar y el recitar famoso
de los nuevos poetas.

Hoy me callo para que hablen otros
y que mi lengua sea caudal insonoro
y no estilete.

Ganas me dan de no escribir un sólo verso,
poner punto y final y guardar los acentos
junto a las comas.

Liberar las metáforas, los nombres propios,
romper las oraciones, los grupos fónicos
y reírme de todo.

A fin de cuentas si algo valió la pena
es el haber andado por esta tierra
sin mucho ruido.

Porque en este mundo nada tiene sentido
si no es el cielo del olvido
y el de la rosa.



VOCES

A veces me pregunto
-no sin melancolía-
si en la callada voz de tu rutina
cuando unos días se parecen a otros días,
tú alegre reirás recordando los besos,
aquellos besos largos que tu boca traían,
la tarde toda tibia bajo tu suéter gris
y el tímido temblor de tus pechos de nácar.
Ahora que el tiempo tiene memoria,
la terrible memoria de las cosas que han sido
y sólo son ya eco de una voz interior
tropezando a deshoras
en las frías paredes de una casa vacía,
me pregunto por la tarde y los besos.

Esa casa vacía que se parece a mí
y cada anochecer vienen a ella
-como vino esta noche
la dulce desazón de aquel momento-,
demonios familiares
y voces que murmuran en silencio
un recuerdo lejano de caricias y esperas.

La respuesta terrible
dice que no serás la misma
-pálida rosa que me abría su ser-,
ni yo tampoco el mismo
dentro de estas estancias donde habito
como una casa sola dispuesta a envejecer.




VIAJE A PARÍS IMAGINARIO

Las siete de la mañana, París se despereza
y yo triste turista recién desembarcado
junto al Sena, estación de Austerliz.
Una violinista toca a Brahms monótona y ausente
mientras oleadas de gente cruzan
por puertas correderas dejando unas monedas.
Desayuno una infusión de idiomas,
café francés y cruasán a solas
con el viajero que viene conmigo desde lejos.
Entre un ruido de máquinas que tican
compromisos en las fauces del día
y un andar de pisadas confusas,
la liberté, la égalité y la fraternité
afloran en los bulevares como un perfume caro.
Kieslowski, Truffaut, cuatrocientos colores
y tres golpes de suerte.

En un vagón de metro la soledad me espía,
tiene rostro oriental,
rasgos perdidos de ser interurbano.
Las luces pasan rápidamente
mientras viajo por las tripas de la ciudad,
las mismas luces pálidas que se quiebran
en túneles sin salida ni solución.
En Convention hay un poema escrito
con versos de tiza en la pizarra
para recordarme que aunque el amor no existe
en la orilla derecha del Sena,
alguien obtuvo satisfacción a un precio razonable.
Y por eso las rubias sirenas que pueblan
el fondo del río prefieren por amantes
sólo a los suicidas.


SEÑALES DE LA NOCHE

Te seguí sin pensarlo,
sin saber de ti nada porque aquello que ignoro
me arrastra hacia el misterio del deseo y la dicha.
Fui detrás sin que tú lo supieras
como ángel oscuro
y tus pasos livianos me guiaron
hasta un concierto de música que no entendí muy bien:
las pistas de la noche tienen muchos destinos.
Allí, en la confusa marejada humana,
te descubrí reinando entre las gentes
como tú sóla sabes reinar en tu hermosura,
adueñada del mundo que te tocó vivir.

Luego en un chiringuito con el mar por terraza
bailabas embebida entre gritos y copas,
era un lugar sin nombre
o quizás sólo sea que no quiero acordarme
porque ya para entonces a mi también
el güisqui me hacía naufragar en las horas.
En un sombrío recodo me saliste al paso,
era una larga cola que las chicas guardaban
para entrar al servicio de señoras
y apenas me miraste.

Más tarde, ya la noche aturdida de alcohol,
me pareció un momento que a mí me sonreías
y tuve el sentimiento de quien logra vencer.
No hubo una palabra entre nosotros dos
para hacerte entender que yo existía también
en ese instante torpe de plena actualidad
-la tiranía del tiempo causa muchos despojos-.
Y así seguí bebiendo tras el rastro salvaje
que tus encantos dejan por las noches sin cielo
y tú indiferente a mi proximidad.

Cuando quise acordarme de la hora que era
-la conciencia es un vicio que no sé sublimar
y uno siempre recuerda-,
el día ya aclaraba su rostro celestial
y tú, desconocida y joven,
otra vez imposible,
te habías escurrido delante de mis ojos
como quien ve pasar, al raso de un cielo negro,
una estrella fugaz que anuncia la belleza
delante de la estela de su brillo mortal.



MALAS NOTICIAS

Uno no sabe bien dónde meterse
cuando comienzan a llegar malas noticias,
porque no hay costumbre ni hábito ni estilo,
ni el humor suficiente para hacer frente
a ese torbellino que lo pone todo
patas arriba.

Es tan difícil, en esas circunstancias,
quedarse firme, tieso
como un joven soldado,
enfrentado al mundo doloroso
como si nada nos hubiera pasado.

Sin saber qué decir ni qué es lo que siente,
porque nunca hay palabras capaces de vestir
ese hecho desnudo que es la muerte.



TIEMPO PRESTADO


Huele a invierno en abril
porque la lluvia trae
hielo en su corazón
y moja todo con nombres de otros días,
con gotas de ansiedad.

Vivo en diciembre en un país de sol
y me derrito cuando escucho la luz tan cegadora
escurrirse por las cañerías de las semanas,
devoradora de este tiempo
que nos prestaron para vivir.



EL ULTIMO BARCO

Como el último barco que surge entre la niebla espesa:
fantasmal, solitario, rendido a su destino
de haber vivido mucho y no saber si bien,
y que espera para ser recibido en dársenas dormidas.
Así aparezco yo en las sórdidas noches
por los cruces mortales
que tienden avenidas insensibles al paso,
esperando abrazar el postrero desastre
del tiempo que se va.
Como mi vida, a golpe de oleaje,
que se estrella en las rocas
de una profesión a la que no tengo mucho aprecio,
más que por lo que dice por todo lo que calla.
Por eso espero llegar hasta esa ensenada
que me devuelva al olvido,
al seno de las cosas que no tienen memoria.
Y mientras tanto doy noticias
que son pura ficción y otras que son mentira,
malas y buenas informaciones
que a veces son un calco de mi vida.


Manual lírico para poetas inéditos


I
Poemas tolerados para todos los públicos





El mal es humano, y nada de lo que es humano
nos es extraño, pero ante el mal no hay que callarse.
ANDRÉ GLUCKSMANN


Es el sufrimiento y no el genio, únicamente el sufrimiento, lo que nos permite dejar de ser marionetas.
ÉMILE M. CIORAN







TRISTEZAS

Saber que el mismo mundo seguirá mañana,
¡cuánto desarregla!
F. Pessoa


Con la suma de mil tristezas
voy hilando la vida
en la rueca monótona
de los días.
Hilvano sueños, esbozo utopías
y dibujo en el cielo,
madurado de sol,
alguna que otra alegría.
Soy, lo que se dice,
un animal inválido
que mutiló el deseo.
Un ser cancerígeno de tristeza.


LA POBRE VOLUNTAD


La pobre voluntad, ya relegada,
de aquel que llega, hundido,
al último escalón,
y en gesto de vencido
pide y suplica
-en bien de los que tienen-
un poco de trabajo.

¡Qué vértigo el progreso!
¡Qué alto hemos llegado!



SOLO A VECES

Sólo a veces prefiero
morirme de repente
y despertarme al rato.
Revivirme despacio
con la risa y el verso.

En un cerrar de ojos,
los ojos siempre tristes
en un sueño ligero,
soñar que ya estoy muerto
que la vida no es válida.
Salir del agujero
y luego respirar
a gusto y relajado,
arrepentido al cabo
de enviudar la vida.

A veces siento un peso
como de cuerpo muerto
que me ahoga al instante.
Y prefiero estar muerto
y luego despertarme.


EL REVERSO

En estas horas tristes de mi hora,
en este tiempo vacío de mi tiempo,
habreme de dedicar con deshonra,
no ya al verso sino al reverso.


LA APUESTA

Esa apuesta perversa
por dejar de fumar
que jamás fue cumplida
y nunca satisfecha.

Ese desmarque torpe
por dejarse escapar
de costumbre fiel:
la de fumar en paz.

Como batalla eterna
que me enfrenta a mí mismo.
Como mis fantasmas próximos,
los que nunca me dejan.


UNA PALOMA

Una paloma en una bolsa de basura,
moribunda, enfermiza, a punto de cejar
en su empeño viviente,
en el trance postrero de oscurecer su vuelo.

Así el ejemplo de días indolentes
cuando nos puede el miedo
del animal enfermo que padecemos.

Es el progreso mundo:
lanzamos al abismo de la muerte sin pausa
eso que nos distingue, eso que nos delata.
Y así, con cara de niños buenos,
aparecemos más higiénicos.



EN CELDAS DE LA MUERTE

En celdas de la muerte,
aparcados.
Triste sombra de luces y de pena,
la vida aguarda su último regate.
La última finta,
la lámina postrera que refleja
un golpe sanguinario,
un puñetazo de cristal, una quimera:
el destino agotado.


AGUAMARINA

Por el ojo de lluvia
llora mi suerte
y no sé lo que soy
ni siento pena.
Por la arruga de agua
bordeo arrecifes
de días marineros
donde me encojo.
Por la húmeda cita
del mar templado,
navego en frío sudario,
mistral soplado,
sumergido en la muerte.





II
Poemas en primera persona





Homo sum: humani nihil a me alienum puto.
TERENCIO

De todo cuanto la prudencia nos ofrece para la felicidad de la vida, lo mayor es, con mucho, el logro de la amistad.
EPICURO


LECTURAS

Hay poemas que son sólo una impresión somera,
se te vienen encima como llega el invierno.
Ni sabemos por qué ni de qué estaban hechos.
No recuerdas sus nombres ni sus rimas señeras.

Después había otros algo más atinados
pero vagos, ligeros. Y la insistencia en ellos
su acierto nos probaban en trabajados versos.
También el tiempo a estos los pasaría por alto.

Restaban esos otros que descubrimos velados
por alguna emoción infiltrada en las venas.
Esos fueron creciendo sin darnos cuenta
anclados a nuestro corazón. Enamorados.

Pasa en la vida así con todo cuanto amamos.
Pronto nos engatusan las caricias y los gestos
triunfantes. Más tarde alguien llega, tremendo
amor definitivo, al que nos entregamos.



ME DUELEN HOY LOS HUESOS

Me duelen hoy los huesos de escribir poesía
y aún no he hecho un mal verso que me salve la vida.
Los mismos huesos húmeros que allende me crecían
cuando de niño también creí despierto
en las circunferencias y en las proteínas.
Fractura en la metáfora de mis vértebras líricas,
esguince quebrantado, rotura en melodía,
al transcribir el mundo dislocado y hostil,
opúsculo marchito en hormonal paciencia
de las glándulas madres que segregan el tiempo.

Tengo un dolor intrínseco de versos y de tuétanos,
una gangrena larga que me llega hasta el alma
al anotar de prisa y encorvado en las arterias,
la epístola insensata que narra las hambrunas
de este siglo y del hombre en connivencia.
Molido estoy del mundo y su condena eterna
y hoy sólo sé que escribo para mí solo,
en la última resistencia donde escondo
esta febril e inútil tarea que me enferma.


ESTE MAR

Este mar que es ahora como un barco perdido
y antes fue invernadero de todos los deseos
cuando apenas vivía el rumor de los cuerpos.

Este mar que hoy soporta con gravedad de siglos,
entre aguas azules, conspicuos sentimientos,
alfabetos, sirenas, veleros soñolientos.

Este andrógino mar, resistencia y destino,
vive en su soledad: calmo, pluscuamperfecto.
Esperando en silencio la canción de los vientos.

Este mar de los seres que en su fondo han intuido
sedimento de vida, escala de deseos,
cuando no había deseo ni abundaban los cuerpos.

Este mar aquietado, como casi dormido,
olvidado del hombre que aborrece su acento
de oleajes y conchas, de redes y lamentos.

Este mar que es llanura e infinito camino:
caballeros andantes prodigan con empeño
aventuras saladas de velas y de ensueños.

Este mar proceloso, obstinado y esquivo,
esta tumba de algas donde exhalan su anhelo
los penúltimos hijos del frustrado deseo.


Este mar sinfonía de mi alma en olvido.
Esta mole de agua. Este sueño que espero
en las tardes levante, me convoca a su seno.

Este mar ya no es mar sólo infinito abismo.
Este mar de cristal, espejo de universo,
marejada de brumas, constricción de mis versos
sobre la inmensidad de su clamor marino.



ETERNIDAD

Yo quiero ser la sombra que no se nombra.
Estar, permanecer, siempre en todas las cosas.
Ser viento enamorado en los rostros de sol.
La herrumbre de los besos. Molécula de amor.
Yo quiero ser el vuelo invisible y callado
del ángel cuando pasa entre dos cuerpos juntos.
La duda del deseo a punto de estallar.
Y quiero ser instante permanente en los labios
que, a punto de besar, permanecen unidos
rogándose vibrar al cielo que los ata.
Turgencia de los días, savia, limo y olor.
La dulce decadencia del cansino sudor.
Yo quiero ser abismo de la vida que envuelve,
derrota de su muerte en hálito letal.
Susurro oscurecido en un rincón del mundo.




AGNUS DEI
A Gerardo Pérez


Confluye la tristeza convocada a la Vida
por la boca terrible de la sólida Historia,
sonrojadas las páginas de rareza común
sobre el libro sagrado que marca el desencanto.
Y en las Iglesias Rojas hay salmos y versículos
que invocan a los muertos de cualquier religión,
a los muertos de pena, de angustia o depresión.
Y el hombre torpe, a gatas, sale a pedir miserias
para cumplir los ritos del nuevo santoral.
En los templos benditos se adiestran oradores
que cambian el acento de los viejos profetas
por coplas entonadas con actual fervor.
Ha nacido el mesías de los datos bursátiles
envuelto en oraciones de canto electoral
y los rudos banqueros se bañan en champán.
De los Templos Modernos nos tienen excluidos
a los desamparados que poblamos el limbo
y sufrimos la espera del largo desamor.
Sacristanes a coro, monaguillos impíos,
rezad por los parados que pueblan los portales
de la mendicidad. Y la desilusión.



TODAS LAS TARDES

Todas las tardes pasan pájaros quebrando
la esclerótica tersura del cielo.
Sobre sus alas sienten singulares vértigos
de la inmensa libertad que aman en vuelo.
Cruzan la urbanidad de las ciudades
flotando a su rutinario hormigueo,
lejos del múgrido poder que las subyuga
como un domingo triste y ceniciento.
Mientras, en sus ojos, se anuncia la amplia
consigna de estelares, místicos viajeros
en una migración continuada, eterna,
buscando la belleza que retiene el tiempo.
Los miro -pendiente mi ambición-
perplejo. Y de un salto me uno a su vuelo,
enmudecido, anhelante, hasta librarme
del lastre que me determina al suelo.
Y entonces vuelvo a mis desastres cotidianos
cuando los veo curvarse por el firmamento.
Regreso a los pocos restos de mi sombra
descuartizada en analíticos momentos
de la ciudad amenazante e ingrata
y a los retratos malos que me da el espejo.
Retorno al bochorno de la luz eléctrica
atado a mi inmunodeficiente miedo.


CASIDA DEL AMIGO
(Casida de Paco Ayudarte)

Aljama de la voz templada en sueño
sencilla morería de la palabra
zaquizamí que guarda los ingenios
de la luz surtidor y alfaguara
que lanza al aire cuentos asombrados.
Ufana alcoba, almáciga, alcazaba,
zaguán onírico, arrayán etéreo
que escapa entretenido en las mañanas.
Algorfa de recuerdos en la lluvia
alcaicería honesta y apretada
de abrazos y del vino de tus versos:
licor que riega en las atarazanas.
Almuédano que canta las espumas
de días florecidos entre jarchas.
Algaida, almunia, carmen silencioso
en donde brota el narciso y la parra.
Profuso aljibe donde ancla el ocaso
alberca de la tarde y de las ánimas,
atarje en pensamiento, zahorí.
Alfanje, aleya, zócalo de nácar,
alhóndiga de afectos y alminar
que el cielo advierte como hermosa zambra.
Mezquita alegre, acequia y aljarafe
rumor amigo en alacena de agua,
alifa, ragua, zoca y cañaduz.
Melaza y ron, casida en alabanza.



12 DE NOVIEMBRE

A Agustín Segura, cuando quebraron su vida.

Tanto sol como nos fue costando
aprender a vivir. Y tanta risa
consumida después como jugando.

Tanta urgencia por entender de prisa
el mundo que bullía a nuestro lado.
Y su irónica fe como divisa.

Con cuanto afán y esfuerzo acumulado
arrancamos a respirar la vida,
desliando su sabor amilanado.

Tanta alegría como nos fue sentida
en el canto de cisne que entonamos
desde el alma de la noche herida.

Tanto y tan poco. Y todo lo que amamos
sirvió para saber que, sin demora,
nada valió la pena que cantamos.

Es tan triste contarte en esta hora
cómo ha sido tu muerte tan dañina,
cómo tu nombre, en forma aterradora,

circula entre papeles de oficina,
partes funerarios y responsos
que te administran gloria divina.

Lo peor son nuestros ojos borrosos
empañados al acabar los días,
y ese desgarrón hiriente y hosco
que las tardes presentan por donde tú reías.



YO SOY EL INFECTADO

Yo soy el infectado: el portador del sida.
El que vive a destajo la repugnancia henchida.
El que lleva la peste anclada en un costado
hasta vuestro creciente bostezo provinciano.
Yo soy el apestado, el virus siniestro,
el cáncer enquistado en los altivos sueños.
Soy de nuevo el leproso que con su canto avisa,
el que camina réprobo hacia estas cenizas.
Soy también la carcoma del triunfal pensamiento,
quien contamina toda la faz, en un momento,
de los nuevos estetas que venden por anuncios
la armonía suprema y el placentero mundo.
De nuevo soy la plaga y la casta intocable,
la tortura del alma higiénica y lavable,
el mestizaje impuro. La maligna presencia
que os carga de escrúpulo. La temible inocencia
donde alegre yo incubo el contagioso amor.



DIOS DE LAS INCLEMENCIAS

Dios de las inclemencias que, con sesgo de lluvias,
bailas sobre las nubes con escarpines negros,
desde cielos estériles, denegridos, oscuros,
con celajes que hierven la luz en un lamento.
Mándame tu gran trueno de resonancia atroz
que aniquile al instante las entrañas cobardes,
que macere el tejido de esta paz acordada.
Lánzame un infierno de volcánico fuego
con estruendo feroz de clandestinas fraguas
donde forjen demonios mil depresiones arduas.

Dios de las turbulencias, aquiescencia, tormento,
dóname a tus hijas, las protervias catástrofes,
que con loca alegría invadan lupanares,
templos de mercaderes, de babas y de sangre,
donde vermiculosos se restriegan los cuerpos.

Dios de los infortunios con retorcido cuerno,
hético de presencia y palabras espurias,
siembra de velatorios los canónigos tálamos,
donde comen las sobras de amor mal repartidas
los postreros mendigos del extinto deseo.

Dios de las desventuras y las calamidades
quiébrame con tu hado solitario y borracho,
tócame con tu cuerno, masturbador deífico.
Eyacula en las venas de la ciudad bastarda,
llévame con tu risa de muerte y destrucción
y asciéndeme hasta donde no existe nada.



DEMONIO DE MIS SUEÑOS

Dime tú que callado me observas,
demonio de mis sueños, mi mal sueño de amor,
dónde el sentido perfecto que la vida no tiene,
adónde se subliman tantas iniquidades.
Dime dónde estas tú, ánima pura,
para besar tu faz y adormecerme
en un sueño lascivo.

Vengo de nadie y voy, tras mi silencio,
mirando incrédulo el Universo,
moribundo de sol, hasta enterrarme.

Ahíto de respirar el aire que me ahoga,
cansado de escucharme, yo te imploro:
¡ven pronto espía de la nada!
Estréchame en la curva perfecta del olvido,
donde el tiempo no cuenta,
y méceme, ligero, con un negro aire
que lleve mi conciencia donde no quede nadie.


III
Juegos especulares del corazón

perdona lo que soy por lo que amo:
y cuando desdeñosa te desvíes,
llévate allá la voz con que te llamo.
FRANCISCO DE QUEVEDO

Succesore novo vincitur omnis amor.
OVIDIO







TOPOGRAFÍA LUMINAR

Gótica arquitectura de la luz, pienso en ti,
catedral imperfecta rematada en silencios
cuyas alas delatan vidrios, vanos, espejos.
Contrafuertes erguidos que me anuncian sin fin

la firme consistencia de tus cúpulas gratas.
Pienso en ti pórtico de la aurora, atrio sincero
de mi sentido escalar, deslumbrante crucero
donde siento tu pétrea belleza que me aplasta.

Arquivolta rutilante, pináculo del día
clavado al cielo, ábside claro, sereno;
torre, templo gigante, columna desafiante.

Quiero reconstruir toda tu ingeniería
y quiero, andamiar la alzada de tu tiempo
hasta restaurar la pátina de este amor radiante.


ROSA DE LUZ

Hija del Sol y de una lluvia de oro,
crisálida de luz, melífluo beso,
reflejo jalde y flavo tegumento,
siempreviva alquimia hay en tus ojos.

Turgente, iridiscente y refulgente,
lucífero fanal a todas horas,
traslúcido animal de las auroras
que borra la oscuridad evanescente.

Girándula brillante es tu mirada
azafranado mar marea tus cabellos.
Diosa de Idalio irradiada

es Febo tu aura y Prometeo
quien prende lenta llama anaranjada
en el silencio mudo de tus sueños.


CARDIORAMA

En qué hemisferio del amor
está tu corazón ahora.

En qué aduana brillante detenido
con un salvoconducto de afecciones.

En qué región imaginaria,
suave niña de luz, localizarlo.

En qué territorio insospechado
inhala flores de aire entristecido.

En qué comarca sugerente y extraña
palpita silencioso y ahíto.

En qué confín oculto desparrama
su diástole ventura de querencias.

En qué mapamundi ilusionario
quiebra su ala en taquicardia.

En que país galáctico respira
estrellas de afligida emoción.


UNA ARAÑA ANDA EN TU CORAZON Y NO SOY YO
(Letanía invertebrada a dos voces)

Una larva confiesa en tu cálido aliento
Un ciempiés tiene prisa en tu mirada
Un pulgón sacrosanto santifica tus senos
Las polillas benditas resucitan tus besos
Gusanos penitentes expían tus palabras
Cucarachas miopes adoran tu cabello
Un caracol piadoso crucifica tu sexo
Mesiánicas hormigas predican en tus nalgas
Gusarapos novicios martirizan tus dedos
Un grillo litúrgico consagra tu aliento
Ecuménicos sapos purifican tu espalda
Y anhélidos curiosos comulgan tu deseo.

Una cáncana virgen tu cariño procura
Una salamanquesa invoca en tus rodillas
Escarabajos santos glorifican tus curvas
Ladillas pontificias alaban tu figura
Templarios cigarrones santiguan tus mejillas
Un piojo redentor reza en tu cintura
Moscas inquisidoras tu dulzura excomulgan
Luciérnagas contritas en tus pestañas brillan
Acaros sacerdotes reverencian tu nunca
Una santa teresa tu amor llena de usura
Libélulas beatas persígnanse en tu risa
Y arácnidos papales pecan en tu ternura.




NOMEOLVIDES

Han llovido de ti
todas las estaciones
y en los parques antiguos,
infinitas canciones,
suenan como si fueran
melancólicos sones
y cantatas inmensas.

Han vivido de ti
los ocasos de otoño,
en zambras de arreboles,
como lumbre de hornos.
Y elfos en cuadrillas
vanse bebiendo el rojo
rubor de tus mejillas.

Han llorado por ti,
de todas las maneras,
las últimas palabras
de los niños de escuela.
Y tus abecedarios,
presos en las carpetas,
describen formularios.

Han sentido por ti
todas las cosas hoy
un regomello tierno

al saber que me voy,
tristemente un momento
y a tu corazón doy
un puzante lamento.

Han hablado de ti
santones y adivinos
aurgurándote un cielo,
sobre tus ojos líquidos,
de felices ensueños.
Y en tus labios de vino
un silencio de enebro.

He pensado de ti,
risueña nomeolvides,
ser sombra de tu voz
el cariño que eliges,
cuando tu corazón,
como ángel que vive
me condene a su amor.


URBANISTICA
(Poema para 6 recitadores)

La ciudad está perdida
para todas sus causas
y tú vives al margen
en todas las esquinas.

Un reflejo de noche
se dilata en la luna,
pronunciando tu imagen
en un eco de hombres.

Anochecen estrellas
que resuelven enigmas
por las calles vacías
donde tú te sinceras.

Primavera de siempre
jugaré con tu nombre,
hasta romper el cielo
que he descubierto al verte.

Tu cariño es un cuento
oprimido en los labios
cuando hablas al filo
de tu carmín perverso.

Las hormigas resuelven
problemas geométricos
y el arco de tu seno
es ecuación rebelde.


AERONAUTICA
(Carta de aviación a CH.)

En todos los espacios aéreos de mi corazón
hay un ángel que te aguarda.
Un ángel que piensa entretenido
tu concisa figura diamela
de planeadoras noches.
Un ángel que te mira
asomado al borde mismo
de la existencia de tu frágil silueta.

En todos los rincones de mi amor
hay un espíritu que te espera
y que asume tus veleidades cruentas.
Ángel, espíritu, aviador o niño,
todos han sopesado la respuesta
de revelarte a la luz de las palabras
y éstas advierten como son ordenadas,
en plena disposición sentimental,
de una forma dolida y amorosa.

En todos los sótanos de mi tiempo
he puesto el pulso de un reloj
que no cuenta las corrientes de aire
si no por tus ausencias.
Y ahora, ángeles y palomas,

espíritus en vuelo, pilotos y aeroplanos,
invaden en ejército alado,
con su fría presencia aviadora,
la región izquierda de mi pecho.


TODOS LOS NOTICIEROS

Todos los noticieros anunciarán tu nombre
en boletines tórridos de urgente conexión.
Agencias de diseño lanzarán al mercado
una nueva colonia con esencia a tu voz.
Los periódicos, mientras, tratarán largas crónicas
sobre el "modus vivendi" de tu respiración.
Galeradas anónimas compondrán tu silueta
para que a toda página tipografíe tu amor.
Habrá alguna campaña de la mercadotecnia
que reparta prospectos con tu risa en color.
Seré culpable entonces de no haberte mirado
con la forma imperfecta que mira el corazón.
Y en transmisión directa tu vida saldrá al aire
por las grandes cadenas de la televisión.


TRANSBORDADOR OSCURO

Transbordador oscuro me lleva tu recuerdo
por tanatorios locos de hidropésicos cuerpos:
tu deletérea descomposición amorosa
en la orgánica materia mortuoria,
laguna donde ahogo el lento respirar
de ciegas horas con caducidad de amar.

Aprenderé a besarte en las gélidas veladas
del aventado invierno y en sábanas de escarcha.
En desoladas noches donde algunos mendigos
duermen su soliloquio en cartones mullidos.
En el grasiento olor de las amargas dudas
que a rudos operarios ocupan en basuras.
En bares tumefactos donde anhélitas bocas
jalean con alcohol sus esperanzas rotas.

Tus flagelarios besos entrarán con mis males
en cualquier pabellón para enfermos mentales.
A golpe de caricia y enconado electro-shock
se hará oligofrénico mi pobre corazón.
Y tumefactos ojos clavarán en mi sino,
en inyección letal, el suero del olvido.


PRONOMBRE EN TU PERSONA

La ciudad se parece a tu nombre de nínfula
que es mentira y verdad.
Se asemeja al engaño, al rumor y a la prisa,
como tu sobrenombre que huye sin mirar.
Tu nombre, poblamiento de extrañas circunstancias,
vaga alegre en la noche por los carteles viejos
que anuncian citas nuevas en algún sinlugar.
Tu nombre que es un líquido inflamado en el tiempo
anida en los recuadros de anuncios por palabras
y se acuesta liviano en neones oscuros.
Y tu pronombre, en cambio, en su venganza lleva
todos los desagravios que has coronado ser,
escrito en crucigramas con olor a tabaco.
Me guío en tu pronombre y no acierto a entender
otra mentira tuya que no mate otro amor.



DIMINUTIVO AMOR
A Corinne

Átame al sol amable de tu recuerdo diario,
un recuerdito ufano de hombre solitario.
Llévame a la estación de vino que es tu mirada,
borrachita escalera que sube por mi alma.
Muchachita de cera, mírame suavemente,
que no pare de verte hasta la luz rompiente,
y que tu labio, entonces, resbale por mi boca
su saliva tan dulce, liviana y amorosa.
Sóplame con caricias hasta tu tiempo
que vaya pegadito a tu sentimiento,
figurita de papel cuando me arropas.
Linda aurora, bocadito de gloria,
préndeme como un tatuaje sobre tu piel
cogidito a tu aroma, por siempre fiel.
Pedacito de mar dónde buscar consuelo
que no esté muy alejado de tu misterio.
Cristalitos de escarcha son tus palabras
que clavaditas llevo en mis entrañas,
desde esa noche que fui sólo un sorbito
que tú bebiste poquito a poco.

Sonatina del amor oscuro

Yo soy el que penetra en los sueños de las niñas
el que entra a sabiendas de dulces pesadillas
a usurpar virginales e ingenuas confesiones,
cuando púberes cuerpos decantan emociones.
Quien dibuja estigmas en pieles de doncellas
trabajando a deshoras alegres primaveras.
VIRGINIA



Y ensayas a la vez desde y seducción.
Ana Rossetti


PARALAJE



Me da miedo mirar:
verte sin verte.
Y tus ojos tan cerca, volando
sin posarse.
Un segundo de luz, escasamente:
trescientas veces mil tu imagen.

Me da miedo escuchar:
oírte pronunciar.
Y quedar mudo siempre
fonema átono
al borde de tus labios:
hialoideos, triscados; turgente irisación.

Me da miedo pensar:
tenerte y no.
A ratos cuando hablo
o a penas me levanto,
sublimo tu escabiosa presencia
y luego escapas.

Me da miedo existir:
sentirte sin sentir.
Y estropearlo todo
más allá del silencio,
donde abundan los cuerpos
y mi inútil pasión por alcanzar tu amor.
SUSANA

Tus labios en mis labios
cerrando, como un clip,
un beso lento.





DIFUMADOS CONTRASTES

Siempre amores distintos, siempre
la misma ciudad
para evacuar ese oscuro momento,
esa arcada gigante, abismada, silente;
ese vómito enclaustrado.
Claras gotas de alcohol que bullen en las venas.


Y tú jamás, nunca tú, tan distinta materia,
Tú nunca nunca, materia:
maleable, arcillosa, reptadora, inmensa;
feliz de cerca.
Escuálida, bordada, volteadora, destellante.
Dolorosa respuesta.

Tanta pasión y nada: un minuto,
Quizás.
Dioscuro tu beso, fresco, entusiasmado,
sujeto entre mis dientes;
mi fuerza ante tu empuje.
Así los dos:
un pedazo de nada hirviendo en el placer.
Tu brío en mi recuerdo,
caricias. Casi sueños.
REBECA

Sobre el mar de las olas de este carnaval,
tu dulce máscara de mujer.



El placer del amor es amar,
y somos más felices por la pasión que sentimos
que por la que nos dan.

F. de La Rochefoucauld


ASI QUE SU APARECES


Descubrir veladamente tu sonrisa,
vidrio opalino:
implosión, destello; irrigación de materia galáctica,
donde formulo, dicroica sustancia,
esta mole indecible de palabras borrachas
así que tú apareces.

Jugando a estacionar una noche confusa,
dos niños:
dos paréntesis azogando el calígine aire.
Leve rozadura, instantánea radiante,
sobre la indecisión que, reticente, me aturde
así que tú apareces.
PEPA


Sólo viven tus ojos en el mundo
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo.

Vicente Huidobro


CLISÉ

Tú serás bailarina perfecta
o tal vez ama de casa al margen de pucheros,
terminarás los estudios en la universidad
y cautivada viajarás algún país lejano.
En tanto yo reptaré por estos versos lentos,
fumaré negro en las colas de las oficinas de empleo
soñando ensombrecido tu agradable presencia
-extranjera en la urgencia de mis dudas-,
mientras desapareces por un agujero del plano de la tarde
incendiando los arcanos de la emoción.

Tú andarás, como siempre,
diáfana glicinia sonriente
suspendiendo en el aire lúnulas de saliva,
inclinando tu pelo, sol, trigo maduro.
Y yo me interrogaré, palindrómico espectro,
si existió algún momento feliz
tras las tapias oscuras
si hubo quizás deseo de pelear la carne
cuerpo a cuerpo.
Y te habrás desintegrado como un chorro de luz.
OPI


La serenate all’istituto magistrale
nell’ora di ginnastica o di religione.
Franco Battiato



ABERRACIÓN FOCAL


Quiero tu esencia.
Mi vida
ante el ultraje gris que nos despachan.
Tu labio arriscado
impeliendo hacia arriba una sonrisa:
bello animal inimaginable.
Y sorbo un trago amargo de espumosa cerveza
¡que no hay nada como verte feliz!

Sentado al viento
los recuerdos me llevan
mientras ondean oriflamas extrañas en la ciudad.
Y tú, adiabática lámpara,
me haces picotear papeles albugíneos
que acompasas entre mi escritura cuántica
y tu escueto semblante de azucena:
¡que no hay nada, nada, como verte feliz!
NENA

Un hombre está mirando a una mujer,
está mirándola inmediatamente.

César Vallejo



INSTANTÁNEA VELADA


Mientras pierdo las tardes y la ciudad vacía
va escanciando en el nombre de tus ojos,
una vez y otra vez
en todas las direcciones del deseo, surge
la insólita canción que musitada repite
un musical donde se entorna el cuentote tus labios;
mi débil voluntad de ensimismarte un rato
punto final y noche, mujer amaneciente.

Mientras pierdo la vida y el mundo estúpido
no piensa detenerse ni un momento
me refugio en este oficio ingrato:
narrador de mil conjuros y mil cuentos.
Fluido al sur de tu escueta presencia
Inhibido ante esa luz,
en una muerte fría, desnuda, subjetiva,
que me saluda desde mis neuronales células.
MERCEDES


Y tantas veces como las deseé…
me parece que era algo complicado,
pero me fascinaban algunos detalles.
La voz, la piel, los cabellos…
Una mujer es algo muy hermoso.

Boris Vian



TEXTURAS

¡Qué importa el mundo
mientras tus ojos vea!
Y juegue a engarzar con orfebre paciencia
la adularia inquietud de tu mirada,
a beber tenazmente
la fresca sal que retienen tus labios;
el clivoso sexualismo de tu pechos punzantes.

Apenas te retengo y ya te escurres
de la torpeza de mis torpes manos,
de la exigua aprehensión de mis endebles besos:
mágico pez embriagado
de noches solapadas,
de afectadas extrañas palabras
pronunciadas con un deje de luz.

Cuando te busco queda,
en la maquinaria de mi piramidal recuerdo,
un brusco olor a tu cuerpo de atún,
una duda incendiaria incombustible.
Y un escrito de tus feraces manos
sobre mi pecho,
un mimoso poema:
adamantino, refulgente, claro.
MARIAJOSÉ

Podría yo ser
el fondo de tu corazón.
Cuentos de Ise


¡QUÉ BIEN TUS OJOS CUANDO MIRAN!

Te querré, sosegada inocencia llena de luz,
debajo de una estrella japonesa,
gusano que junto a ti se enerva
hasta el final evanescente y dulce
de la clausura de un capullo de seda.
Te querré al poniente de un beso
Donde moja la cola el universo
-ese viejo borracho solitario-
y tú no dirás nada.
Te querré, maldita sea,
como a una diosa helena
reglada en un premio de un bolsa de patatas.

Ya verás
prenderemos dos alígeros soles
a tu oscura melena,
calentándonos junto al Mediterráneo
nuestras cándidas penas:
vino y sol para espantar el tiempo.
LUCÍFERA EXPOSICIÓN

Qué sé yo de este temblor que me sacude
-súbita destemplada-
y tantas ganas de excoriar la cutícula lene
de tu agógica luz, luminaria del cuerpo.
Y en las enhiestas antenas del corazón
la vaga caricia sacralizada
rozando tu curva positiva.

Qué sé yo de esa vanagloria que despliegas,
de ese fútil chasquido que estira tu saliva
cuando me dices no
bajo la húmeda bóveda de tu boca.
Y se te cuela adentro una sonrisa
-claro cristal, claro-
que me salta a la vista.

Qué sé yo de esa noche distinta que extrañeces
Bajo el conjuro de tus acidulares alas
-vuelo de máscaras-
¡y esa rara emoción de tus palabras!
La interrogante del deseo cercano
y mi insistencia por el continente de tu piel,
narcotráfico balbuceante al amanecer.
ISA

Todo lo consumado en el amor
No será nunca gesta de gusanos
.
Ángel González


DIAFRAGMA CERO

Extraña cenicienta de cursis madrugadas
a flor de noche
nostalgiosa, borracha,
perpetrándome un liviano atentado;
aprisionada tu imagen en el cuartito oscuro
de mi laboratorio interior.
Donde subrayo tú párpado azul tan lívido,
tu negro ensortijado.
La duda que aprisiona tu beso ágono.

Inverosímil bruja de apacibles mentiras
en días de gomaespuma,
la acrílica foto deleznable y tu engaño.
Errado en la desierta promiscuidad
donde rompí los cargos
que acumulé contra tu cuerpo.
Tu desintegración de ácrona estrella.
INMA

Tía, la sangre que bulle,
más quiere tararira que dineros
y gusto que dávidas.

Francisco de Quevedo



UN JUEGO A CONTRALUZ

No me entiende tu risa tan delgada.
No me entiende tu piel fogosa
inclinándose despacio hasta encontrarme,
cuando ese olor blando, agridulce,
sube y baja desde el sur de tu vientre
hasta los escogidos días de esta deglución.
Nebulosa sinérgica
abrasando la humedad transpirada
en el aire de mis labios,
arrumbándome al cenital triptongo de tu mapa estelar.
Escala mayor en tus costillas nacaradas
donde juegan las notas de mis afanados dedos,
mamando cual idiota tu perfil de caléndula
bajo la bruma gris de un cigarro apurado.

Cómo arrancar entonces un resquicio del carmín
de tu boca inflorescente,
las locas papelinas tatuadas en tu pecho,
mientras bufa el siroco en mi garganta
a que mar la friable cartulina
de tu ropa interior.
Y luego efectuar pronósticos
-mira qué suerte-
maganto en la barra de un bar:
jugarme mi noche por tu cama.
Toda mi voluntad por descubrir
tu juego inguinario
la débil luz que se entreteje
dentro,
en el limen más claro del placer.




FABI


Pero ahora ya no podía perdonarle que fuese una mujer,
alguien que transformaba el sabor remoto del viento
en sabor a carne.

Césare Pavese

COTIDIANA APETENCIA

Dos días llevo sin tocarte. Dos
silenciando un rumor incontinente
plisando medio loco las rayas del recuerdo
para indagar
qué amable anda tu piel.
Ese beso que acídulo derrama
tu boca iconoclasta.

Dos noches en el enigma de palparte
Pensando ensombrecido tan tenaz contratiempo;
retrotayendo tu pálida hermosura,
la blanca aboyadura
donde anudar mi naufragio:
olas, vientos, jadeos,
caliginosos mistrales.

Dos días nada más
y ando hecho un guiñapo,
rumiando con resignación
el estreno de estos tiempos novísimos
a los que invisible resultas.
Fruncida mi desolación,
decapitada mi apetencia:
cundiendo un miedo subcutáneo.

ENCARNI

No te querría la mitad de lo que te quiero
sino quisiera a las mujeres.

Ezra Pound


FOTOGRAMA ESTIVAL

Dulces días de amor canicular
y nunca más
el túmido sello de tus labios
-vaporosa película de tu beso licuado-,
tu sexo áspero ludido en la noche de mis manos.
Chiquilla del cariño insumergido.
¡Pero cómo me querías!
¡Cómo me querías!

Ahora que el verano pandea su raspa
de célico delfín
con triste paladar a ciudad evacuada,
el viento altano me arrastra como un zampalimoscas
por la camisa transparente de la tarde:
urbano viandante arrumbado hacia ti.
Tú que me querías bien
¡que me querías!...de haberte yo querido.
CONSUELO


En vez de hombre podemos decir
máquina catastrófica del deseo.
Luis Martín Santos




CONTRISTADO CALOTIPO



Si no te puedo atrapar
si no te puedo, apacible sirena,
ancorar a mi cuarto oscuro,
huella azemada que caminas
por la película de mi macilenta desnudez,
instantánea embelesada
en una musaraña que idea el rodar de la tarde.
Si no te puedo
Vénceme tú este deseo anhelante y estulto,
esta insistencia por agarrarte
como el clic de una cámara,
expuesto al resplandor que irradian tus pupilas.

No me puedes dejar mirarte así
enajenado de cualquier cálculo
que inflexione la irradiación de tu presencia,
tonto crío que ondee a la esperanza
que enciende fuego
que grita al cielo
para que tú, sumida en tu encanto,
le veas.

CÉLINE

(El primero. El último poema)

Otra vez vuelvo a estar enamorado:
equivocadamente enamorado.


DYE-TRANSFER

Poco puedo decirte.
Poco sé.
Torpe duda voy dando en tu mirada
y clavo en mi retina tu acicular imagen.

Insania impulsación con que te sigo
intentando alcanzarte
y, a trabajados golpes, reconstruyo,
el eco de tu lenguaje.

Alelado cartógrafo de la luz que revelas,
haz reflejado,
transito información:
desde tu piel a mis más íntimas células fotográficas.

Positivo la curva de tu boca –respingo al aire-
y te invento,
beso vahído en los cristales,
donde puedas estar vidriálico holograma.

GRAN ANGULAR

Debe haber mucho amor de mi parte a la tuya
mucho amor,
desnuda la timidez delicuescente de tu mirada,
la risa de tu boca anteriormente.

Debe haber muchas ganas de fricarte entre mis labios
como si nada,
torbellino que envuelves la ciudad crepuscularia,
la inocente presencia de los juegos pueriles;
el rugir con que urge la vida en los arcenes
de las frías mañanas de mi estornudo.

Debe haber mucho amor para desamar mi suerte,
mi exigua fuerza, mi escaso porvenir,
la pingüe dulzura que te inspiro.
Y arrastrarme hacia tu campo magnético
como un soplo de luz.

Debe haber mucho amor, debe de haberlo ¿no?
Y ganas de mi parte,
¿y de la tuya, amor?
No sé, no sé que pasa
de tu parte amor.
CELIA

Ten más miedo del tiempo
que de mis ojos.
Ezra Pound


TUS OJOS NO ME ENETIENDEN

¡Que me atiendan tus ojos
que me atiendan!
Que sepan tus pupilas
la dicha de mi gozo:
marinero alelado desde tierra mirándote.

¡Que me amen tus ojos
hasta quemarme!
Lentamente que incendien
-fotograma a fotograma-
la atezada película de mi piel.

¡Que me mimen tus ojos
con sus vivos cristales!
Y yo estaré contento,
trémulo, entusiasmado
de en su luz bañarme.

¡Que me embriague tus ojos
de mirarme!
Borracho del destino
que fermentan tus iris,
de tus ojos de vino.
ANA

Y una mujer me empuja a otra.



RETRATO PANCROMÁTICO

Estoy triste, ya sé; no pasa nada.
Es sólo que al andar
tropiezo con ese monstruo cargado de tristeza,
presiono alguna tecla que no alcanza su tono
y suena un ruido
del más hondo sentido de la vida.

Y es como ahora entonces, no sé recomponerme,
y sin decirte nada decirlo todo.
Callado ante la ambigua impresión
del rancio olor a soledad y a tu ausencia
que derramada queda,
profusamente, en un hilo de sol.

Baste incidir en que lo mío es,
a lo sumo,
una duda que duele
invisible al impreciso destello de tus ojos,
un enigma angustiado:
ardua pasión que arde.

FOTOGRAFÍAS

(DAGUERROTIPIAS)

Cuantas muchachas

fotografiaron mis pupilas.

Cuántas.

Y todas pudieron ser la misma:

y ninguna.

TALANTE HUMANITARIO

¡Oh qué pretensión el mundo!
Y cuando acabe
de tan súbito soplo tras la aurora:
se apague, ponga fin,
quede perplejo.
¡Qué descalabro habrá!
¡Qué desconsuelo!
Nos habremos tragado,
con buenas intenciones y mejores hechos,
de una tacada el Universo.


Todo lo más que el hombre
aspire a resignarse
lejos del desconsuelo,
se recomponga, invente
otro planeta y vuelta a las andadas,
cubriéndose de polvo sideral y eterno.
Amables como somos con los astros
fundiendo las estrellas para cuentos,
hasta inventamos lejanos mitos cosmológicos
más allá de nuestro propios sueños.
CUESTIÓN DE ESTÁTICA


Se puso el día gris, se hizo grave,
incluso llegó a ser domingo por la tarde
siendo como era sábado primaveral y soleado.
Fue un golpe intempestivo y desafortunado
que arremetió contra la frágil voluntad del movimiento,
fue un árbol –plátano de las indias-
el que vino a oponerse en detrimento
de la trayectoria imprevista, improvisada.
Decidiendo aquel hombre permanecerse quieto
a pesar de la incómoda postura adoptada
y con esperpéntico mutismo y de momento,
guardar de sus derechos el más consuetudinario;
sin respirar y con el importuno viento
que sus cabellos peinaba despeinando,
obstinado pensó: “de aquí yo no me muevo”.
Y continuó indolente, tieso,
y dejó entrever por una holgura su vida sonriendo.
Organizando así tal algarada
entre la muchedumbre concurrente
que mórbida y angustiosa le preguntaba
-figurando como allí estaba de cuerpo presente-
Sobre sus familiares y allegados,
su edad, estado civil y antecedentes.
Pero él sin conmoverse, apenas sonrojado,
insolidario con los requerimientos
para que al fin se identificara,
se irguiera, sacudiérase los hierros,
de su conciencia de cadáver se despojara
y con firme convencimiento a andar echara,
prosiguió muriendo.
Y en estas circunstancias a todos predispuso
para que le ayudaran
con paciencia a organizar su entierro.
¡qué remedio quedaba!
LOS HOMBRES SE MUEREN PRIMERO



Me pregunto si es la vida
así de amable:
un barroco tresillo deshilachado
el decorado adorno de antes de la guerra regalado,
indistintos muebles en caoba y mate,
pertinaces enseres comedidos
en la dispensa del uso cotidiano;
un teléfono grandilocuente y hábil en sepultar silencios
con hierática presencia de cochero.
Presidiendo el camposanto de añoranzas
la foto mayestática de recién casados
-amarilla de ocasos-,
Y un denso aire oscurecido, colágeno de pasillos,
prisionero la casa pululando.


Me pregunto si es la vida
un sabor a muerte herida:
dos mujeres en una raya sujetando
reliquias adormecidas, luto
por los hombres que marcharon
-íntimas plegarias mortecinas-.
Niños sin rostro ya de hijos, soltería
detenida en los espejos lunarios,
en las lámparas de duendes familiares;
figuritas de vidrio y porcelana
con sordo rumor bailando instantes.
Medicados achaques y apoplejías
hasta el día soñado, no lejano,
que toque congregarse con la ingente mayoría.
ESA HORA


Son las cuatro de la tarde
de una tarde gris perla insoportable,
cuando todas las esposas urden
desde su doméstica placenta
donde les comen las molestias,
traslúcidas ensoñaciones sensuales
queridos de penumbra dulce,
férvidos y galantes.
A las cuatro, esa hora de la tarde
que diluye los cónyuges eventos
y puebla la casa de silencios mortales,
las mujeres esperan imposibles amantes
que destejan hilvanes de sujetos deseos,
sacramentos de fidelidades constantes
que liberten pretendidos adulterios.
Aguardan –a las cuatro- una llamada
que desbarate la adunca siesta,
pero es tarde porque la tarde vuela
eclipsada entre ecos de pasiones livianas
y niños que tornan de la escuela.
PLATOS SUCIOS


Platos sucios,
tristeza escatológica.
Y esa dolida soledad de tu ausencia.

El olor persistente de tu piel
vertiéndose en todos los rincones de la casa.
Zozobrado. Renaciente.
Debajo de las camas,
cerca de las ventanas;
en todos los recuerdos que cuelgan de los cuadros.
En los perdidos hilos de las telas de araña.

Sombras lechosas. Apaciguadas sombras
posadas en el diván a contraluz,
las hebras coloradas
delineando filigranas en el costurero;
la sonata tristísima de los electrodomésticos
-esas máquinas amables que se beben los sueños-.
Y en la enardecida presencia de tu nombre
cuando olvidé pagar al cobrador de la luz.
Desde el fondo,
un grito acallado cercena
la penumbra ceniza de esta alfombra de intimidad.
PARTENOMANCIA


¡Qué hora tan estúpida esta de hacer poemas
mientras coses, tranquila,
la ropa del hombre de tu casa
o refriegas los platos casi embobada!
Y yo me alegro que las letras
extrañadamente me hagan musarañas.

¡Qué solsticio rompió toda tu infancia
de niña entusiasmada!
Turbulenta borrasca que te hirió
en los juegos de alcoba, frente al espejo,
palpando tu mimosa desnudez.
La escasa intención de tus deseos.

¡Qué zahoríes cuentos sospechados en las atardecidas!
Los labios amorosos brindado ofrecimientos
de fiel pasión y de por vida,
sostenidos, el uno contra el otro, en lucífugos besos
y táctiles caravanas horadando caricias
por los piélagos de la inusada piel.

¡Qué corto fue el camino andado
desde las aulas escolares al tálamo desposorio!
Con qué dulzor se ha llenado
tus núbiles lágrimas de niños procelosos,
tu diágala mirada de soledad;
de guisos y ropa sucia las tardes de tu edad.

¡Qué peculiar rompecabezas escribo
cuando tú quitas la grasa en tu cocina!
Telegramas a la hora del parto,
besos de luz y polvo en los rincones;
mi cielo rojo en tu barra de labios.
Y apenas ya si suenan los últimos acordes.

¡Qué sortilegio fabrico en estos versos
mientras esplínea destejes un paño de la vida
entre arduos instantes de rutina!
Y tu imagen, falena de papel,
cruza el mundo conmigo
por los intricados bastidores del ayer.
JUEGOS DE NIÑOS



¡Qué frágiles juegos de inocentes días!
Arrancando semana tras semana
hojas de calendario,
esa ternura inmensa derramada
en fugaces instantes;
olas de soledad esparciendo el sentido especular
del travestismo en los espejos del baño.
Y este olor aclínico, esta duda gigante
que no puede ver nada que no traiga tu rostro
de muchacho desvanecido en niña.

Tantas cruces y rayas andadas en las calles,
desdoblando el silencio
y la miseria a oscuras
de renegridas lindezas de arrabales.
Y tu fiebre tan azul en la mirada
atrapando el azogue de la alcorzada primavera
en un tarro de cristal,
cuando un perfume de albahaca
salpicaba nuestros juegos de niños postreros.
Callado tú, conservando
la huella del tiempo inexorable
para empezar cuando todo acababa.
COLEGIALAS



Hay un poco de sol en la ventana,
sopladas por el viento
pasan las niñas colegialas
con trazos de colores y carpetas.
Frente a la esquina corva,
donde los niños mean,
una duda de frío.

Sentados, diferentes,
esperan ese bus que los devuelva
de las aulas dogmáticas de la escuela
a las ásperas salas de la familiaridad,
donde pequeños sueños
se ahogan en otoño.
HEROES COTIDIANOS



Para los héroes cotidianos: no hay descanso.
Brújulas
del amor y de la vida: no hay descanso.
Quizás el beso atramentario de la muerte terca
o tal vez el apócrifo sueño de lo inesperado.

Y sin reposar sus manos ni sus ojos acrisolados
patean las calles, mucronata la mañana,
para colarse por la albura de algún espacio
donde poder robar un trozo de aire transparente
y beberse la espuma de los días
a claros tragos de esperanza,
algo de pan y de engañifa
bajo la dura droga del trabajo:
pesadumbroso, fusco; rutinario.

Para los héroes cotidianos:
bitácoras fervientes del imposible mar,
detonantes solares.
Luz, sentimiento, materia; oxígeno en las venas.
No hay descanso.
DIATRIBA EBRIA

Dame más vino,
que la vida es nada.
Fernando Pessoa

En la médula del tiempo
voy contando los segundos que me restan
hasta ti:
bellas mujeres y bolsillos vacíos
¡qué ingrata sensación!

Colisionado contra la noche luego
dentro de ese borracho que navega funámbulo
hacia cualquier deshecha madrugada.
Y entre las arrastradas sombras que la ciudad militan,
callejeando,
buscando sin medida
los arcanos del tiempo y su memoria,
con la ingenua semblanza de lo que somos:
frágiles alquimistas, goliardos fabulados.
Infrecuentes testigos de nuestra propia copla.

Y un sartal de mistrados nombres
que el siroco febril desparrama
por el margen inferior de los recuerdos,
trama un deseo rugiente que abofetea
los solitarios rostros de esas otras tabernas:
pulcros atrios modernos
donde vomitan bagatelas diarias
plácidas señoritas y novísimos hombres
en la decrepitud de símil postvanguárdico.
Hacia el resumen cierra la mala compañía
de ese ronquido sordo que cunde en la garganta:
¡que ya no hay nada contra lo que vivir!

Mas si la aurora de sorpresivos tonos zarcos
trajera algún retículo donde filtrar la decadente estirpe
que hoy ofician los falaces signos de la estética,
fragmentos líquidos de la vida que pasa
entre agonizantes sentimientos,
apenas ya una pizca de rabia
para asentir que nada queda
que no esté notariado.
Y habremos aprendido de un puro golpe
la sentencia total de nuestra estancia
en este expansivo universo,
bastante equivocados como vamos.
Mujeres bellas
y bolsillos vacíos en un mundo sin sentido.